destinos para practicar deportes acuáticos con viento

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Vela en Auckland, Nueva Zelanda

No fue por casualidad que la ciudad más grande de Nueva Zelanda recibió la designación de capital mundial de vela. Allí, los veleros forman parte del paisaje. En sus varios muelles a lo largo de la costa, los navegantes experimentados se divierten y los aficionados pueden embarcar con profesionales para aprender a navegar con viento.

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Kitesurf en São Miguel do Gostoso, Brasil

El Noreste de Brasil no solo atrae a tantos turistas por su belleza.  Es muy común encontrar practicantes de deportes de viento en ciudades como Fortaleza y Jericoacoara, en el Estado de Ceará. En São Miguel do Gostoso, que pertenece a Rio Grande do Norte, la tendencia es esta modalidad en la cual una especie de vela-barrilete mueve una tabla de surf.

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Carrovelismo en San Juan, Argentina

Este invento consiste en conectar un auto a una vela. Si el viento es lo suficientemente fuerte, la propulsión puede mover el vehículo a casi 200 km/h. Pampa del Leoncito, a 90 km de San Juan, es el ambiente perfecto: una llanura de 120 km2 sin ningún obstáculo que detenga las ráfagas.

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Parapente en Iquique, Chile

Planear siguiendo las corrientes de aire es uno de los atractivos de esta ciudad en el norte de Chile. No hace falta nada más que coraje, ya que se puede realizar el vuelo con un instructor. Tras despegar desde un punto alto, sobrevolar el lugar enmarcado por el Océano Pacífico te hará sentir como en las nubes… ¡literalmente!

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Windsurf en Sídney, Australia

La metrópolis australiana es una meca para los amantes de este deporte. Los vientos que soplan a veces desde el mar y otras desde el interior hacen que determinados lugares, como las bahías Botany y Sídney, sean ideales para el windsurf, deporte en el que se debe combinar el manejo de la vela y el equilibrio sobre una tabla de surf.

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Ala-delta en Lima, Perú

Existen varias formas de enamorarse de la capital peruana. Sobrevolarla quizá sea la más aventurera. Los acantilados de la costa, sobre el Pacífico, facilitan enormemente el despegue. Desde diversos puntos salen parapentes y alas-deltas, que se deslizan cercanos al mar y sobre los edificios.