Un itinerario para disfrutar Auckland, la ciudad más cosmopolita de Nueva Zelanda

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Auckland, la ciudad más grande de Nueva Zelanda es la prueba de que es posible ser cosmopolita sin perder la ternura 

 

De derecha a izquierda: las Américas,  Europa y África, después vienen Asia y Oceanía. Es así como se ve el mapamundi en la mayoría de los países. No en Nueva Zelanda, donde el inmenso azul que representa el Océano Pacífico está en medio de todo, como las islas que componen el país de menos de 5 millones de habitantes como protagonistas. Es otro punto de vista. Aunque tenga detalles europeos en su arquitectura, clima californiano y paisajes que recuerdan a Perú o a Brasil, es en esa mezcla única de cultura polinésica, asiática y británica que está la riqueza de este país que escapa de lo obvio, incluso en el mapa.

 

Aunque no es la capital (el centro de la política es Wellington), Auckland, en la Isla del Norte, es también la ciudad principal, así como también la que mejor resume la complejidad del país. Muchos viajeros pasan de largo y van directo a Queenstown, en la Isla del Sur, centro de práctica de deportes de riesgo. Es una lástima. Con casi 1,5 millones de habitantes, Auckland es un lugar encantador,  localizado en un estrecho que separa el Océano Pacífico del Mar de Tasmania. Está más cerca de Latinoamérica de lo que podemos imaginar: está a un  vuelo de “solo” 11 horas desde Santiago (más o menos el tiempo del vuelo São Paulo – París), como una prueba de que la Tierra es redonda.

 

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Desde la torre Sky Tower, con su estilo extraterrestre, se pueden divisar edificios modernos y también parques, islas formadas por volcanes y muchísima agua. No es en vano que la ciudad es reconocida como la capital de la vela, con los mástiles de los barcos que se izan en el cielo como uno de los paisajes principales. Desde el puerto se puede apreciar el vaivén de las embarcaciones e incluso entrar en una de las que han participado en la America’s Cup (una especie de Fórmula 1 del mar) –haz tus reservas con el grupo Explore. También parten de allí los muchos  ferries que te llevan, en 12 minutos, hasta Devonport, el adorable suburbio de casitas victorianas que tienen la mejor vista del horizonte.

 

A la moda de Oceanía

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Es hora de almuerzo en Auckland. Y, en la plaza central de Britomart, el rush solo se nota por los puffs gigantes de colores puestos sobre el césped, que todo el mundo se pelea.  En una ciudad de dimensiones humanas y donde las pausas son valoradas (hay bancas en todas las esquinas y plazas), nada sugiere prisa o aglomeraciones. Los restaurantes están llenos y son animados, pero jamás se repletan. Así como las tiendas de grandes marcas , como Tiffany, y las nacionales, como la interesantísima World, que vende desde ropa hasta  cosméticos. Tanto de día como de noche, es en Britomart donde se concentra el consumo elegante y sofisticado de Auckland.

 

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La gente vanguardista se dirige al barrio histórico de Ponsonby, lleno de tiendas  de objetos de onda hipster, mercados de comida (visita el Ponsonby Central) y restaurantes que prefieren ingredientes locales. Entre los mejores está Orphans Kitchen, del chef Tom Hishon, surfista adepto a prácticas como el foraging (en la cual se va a selvas y playas de los alrededores a buscar aderezos especiales) y a la poca intervención en su materia prima. Para disfrutar un trago, no dejes de ir a Love Bucket, animado bar con cócteles servidos en barriles, como si fueran cerveza de barril, o al Madame George, que también tiene buenos platos para acompañar las bebidas.

 

Respeto por el pasado

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Una de las últimas partes de tierra del planeta que fueron habitadas por la especie humana, Nueva Zelanda era un territorio aislado que desarrolló una biodiversidad propia (curiosidades: no hay animales venenosos como serpientes, y el pájaro emblemático del país, el kiwi, tiene las alas atrofiadas simplemente porque no había muchos depredadores para él antes de la llegada del hombre). Fue entre los años 1250 y 1300 que los primeros humanos desembarcaron. Eran navegantes oriundos de la Polinesia que posteriormente fueron bautizados como pueblo maorí. Nueva Zelanda, la Isla de Pascua y Hawai fueron las tres puntas del llamado triángulo polinésio, que delimita varias islas.

 

Cuando llegaron los europeos, en el siglo XVII, se estableció una relación de cooperación que culminó con la firma de un tratado de convivencia entre los británicos y los maoríes, en 1840. Aunque no ha sido siempre sencillo, la relación entre los dos principales grupos étnicos del país es relativamente tranquila, y el maorí la lengua oficial, junto con el inglés. Uno de los mejores lugares en Auckland para entender la historia local es el War Memorial Museum, que tiene desde ornamentos y barcos de los primeros conquistadores, hasta documentos. Otro espacio imperdible para quien le gusta el arte y la historia es la Auckland Art Gallery, que se encuentra en un edificio reinaugurado en 2011, como un buen ejemplo de la arquitectura contemporánea neozelandesa (¡es muy bonito!). Adentro hay fotografías históricas de grandes líderes maoríes y también obras contemporáneas. Está todo rodeado por un jardín.

 

Vida salvaje

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Solo 40 minutos separan el centro de Auckland de la alejada playa de Piha, en el mar de Tasmania, famosa por sus arenas volcánicas negras ricas en hierro (acerca un imán y fíjate en lo que sucede) y por haber sido escenario de la película El Piano (1993). El escenario es paradisíaco, enmarcado por una piedra gigantesca, la Piedra del León, y por casitas bucólicas que esconden restaurantes como el Piha Café, excelente lugar para un brunch (la comida favorita del país).

 

El camino que lleva hasta allá es igual de adorable y pasa por un parque, el  Waitakere Ranges Regional Park, desde donde se tiene una maravillosa vista del litoral. En el camino se encuentra la cascada de Karekare, en un terreno lleno de las más hermosas especies de plantas del país, entre el helecho plateado gigante y árboles milenarios llamados kauri, además de muchos pájaros, en un imperdible paseo Jurassic Park feelings.

 

Ilha Gourmet

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Directamente desde el principal puerto de Auckland sale un ferry que, en 30 minutos, atraca en la Toscana... Fuera de broma, Waiheke se parece realmente a esa región italiana. Se trata de una isla llena de viñas, plantaciones de olivos y productores de miel (hecha a partir de una planta con propiedades  antiinflamatorias, la manuka o manuka honey, uno de los orgullos nacionales). Una de las viñas más encantadoras es Mudbrick, cuyo restaurante de alta gastronomía funciona en una casona llena de historia, con vista al mar.

 

Para quien prefiere un panorama más turístico, Stonyridge ofrece paseos por sus cavas y almuerzos muy entretenidos, animados por música electrónica. Otra visita imperdible es a la fábrica de los premiados aceites Rangihoua, que cosecha allí mismo las aceitunas que darán origen al producto. Antes de irte pasa a comprar un suvenir artístico en la tienda de Timmy Smith, escultora local que crea piezas poéticas adornadas con las arenas de diferentes tonos de Nueva Zelanda. Es una manera de dejar el lugar y llevarse un pedacito de nostalgia a casa.

 

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Tips locales

Paola King-Borrero, artista plástica

 

¿Qué hay de especial en Auckland?

La diversidad. Aquí convivimos con polinesios, maoríes, latinos, asiáticos y europeos. También me encanta la vida tranquila.

 

¿El restaurante favorito?

Mezze Bar, que sirve comida turca con vinos españoles.

 

¿El mejor barrio?

Devonport, lleno de interesantes galerías y también bares.

 

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Tips locales

Tom Hishon, chef del restaurante Orphans Kitchen

 

¿Qué hay de especial en Auckland?

La cercanía del océano y la posibilidad de encontrar ingredientes maravillosos en la naturaleza salvaje.

 

¿El mejor restaurante de la ciudad, aparte del tuyo?

Pasture. Tiene una cocina liviana y creativa.

 

¿La mejor playa?

Takapuna, desde donde se ven la isla y el volcán de Rangitoto. Camino hasta allá todas las mañanas.

 

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Tips locales

Bob Scott, sommelier

 

¿Qué hay de especial en Auckland?

Es una ciudad grande al lado de paraísos como Waiheke. En 30 minutos, estarás en medio de la naturaleza.

 

¿La actividad obligatoria en la ciudad?

Tomar buenos vinos locales y comer muchos mariscos. Nueva Zelanda es famosa por sus sauvignon blanc, aunque también producimos chardonnay y maravillosos tintos.

 

Pequeño diccionario neozelandés

Aotearoa: Nueva Zelanda, en maorí.

Haka: danza tradicional maorí.

Kia Ora: “Hola”, en maorí. Kiwi: nombre del pájaro que es el animal símbolo nacional, de la fruta (que fue bautizada en homenaje al pájaro, y no al contrario), y la manera como los neozelandeses se auto denominan.

Maori: polinésios que fueron los primeros habitantes de la zona.

Pakeha: neozelandés de origen europeo.

 

LATAM tiene vuelos directos a Auckland desde: Santiago y Sidney.

 

Agradecimientos: Tourism New Zealand

 

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En tu vuelo a este destino puedes probar el nuevo menú de Economy Class que LATAM ofrece en vuelos de más de siete horas de duración. Son varias opciones de platos preparados con ingredientes locales, internacionales y vegetarianos, pensados para ofrecerte una mejor experiencia a bordo. Un nuevo menú para que tus sentidos vuelen lejos.