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Así es Pacasmayo

Así es Pacasmayo:

Así es Pacasmayo

Ya he llegado al ecuador de mi viaje, sin darme cuenta. Buena señal, eso es que lo bueno pasa rápido.

Que la vida pase rápido pues.

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Una  primera semana en el norte del Perú, donde tuve la suerte de coger algunas de las más conocidas y mejores olas del planeta, como Cabo Blanco. Y otras tan buenas, y menos conocidas.

De ahí, el mar se quedó como un plato y gracias a LATAM Airlines, que me han patrocinado este viaje (sí, surfista, sí, ¡¡no te cobran por las tablas!!), tuve la oportunidad de ver Cusco y lo que llaman ‘el ombligo del mundo’ Machu Picchu. Qué maravilla.

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Aquella semana lejos del mar, rodeado de majestuosas montañas y ríos, me hizo tomar lo que sería la tercera fase del viaje con el doble de ganas : Chicama y el desierto.

Allí las olas rodaron sin parar. Chicama es considerada, si no la más, una de las olas más largas del mundo. Desde luego, la más larga que yo he surfeado. Olas de hasta dos minutos de largas, con la ventaja de que, al acabar la ola, había una zodiac te remontaba hasta el pico. Una tras otra, creo que nunca he surfeado tanto. Surfeé hasta que las piernas no daban.

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Con mi amigo Cyrus, surcando los ‘Caballitos de Totora’, las tablas más antiguas del mundo (5.000 años).

El pueblo es bien tranquilo, sencillo y la gente es buena. Muy aconsejable.

Tengo que agradecer la gentileza de Miguel Vega y todo el personal, por haberme hospedado en el Hotel Chicama, justo enfrente de la ola. Lo cierto es que un mochilero como yo no está acostumbrado a un hotel así, y después de haber dormido en el coche, se agradece que alguien te acoja con los brazos abiertos. Surf, masaje, spa… no me lo podía creer, la verdad. Fueron dos semanas de surf a más no poder.

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En el Hotel Chicama Resort, por si alguien estaba preocupado por mi…

Ya de vuelta a la realidad, ahora me encuentro en Pacasmayo, una pequeña villa de pescadores, al norte de Chicama, muy conocida por tener una de las más largas y mejores izquierdas de Perú. 

Con lo famoso que es entre los surfistas, me esperaba una villa surfera, pero lo cierto es que Pacasmayo es un pueblo con mucho arraigo a sus raíces. Hay un ambiente increíble. Los habitantes sacan los baffles, la parrilla, cierran la calle  y ala, allí montan un festejo. Me recuerda a cuando era niño, en mi barrio allí en el ‘Patio Negro’, cuando en la calle los vecinos montábamos fiestas improvisadas, mi madre sacaba la acordeón, y mi vecina hacía una chocolatada para todos…entonces tampoco había muchos coches, y parecía que la calle era como debe ser, de las personas que lo habitaban. 

Así es Pacasmayo, donde está el mercado popular, suena la cumbia, y la gente agradece tu presencia.

Ahora solo falta, que las olas aparezcan.

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