Un guía para descubrir Melbourne, en Australia, la mejor ciudad del mundo para vivir

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Arquitectura inusitada, arte democrático, pueblo simpático, agitación urbana y, además de eso, playa: Melbourne lo tiene todo

 

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Cuando Melbourne, la hermana menos famosa de Sídney y capital del territorio de Victoria, alcanzó el primer lugar del ranking de mejores ciudades para vivir, publicado por la revista The Economist, no hubo ninguna sorpresa entre sus habitantes. Los que viven allí saben que ninguna ciudad le gana en tópicos como seguridad, densidad de la población y acceso a la educación. No por casualidad ella vence hace seis años. El nuevo vuelo de LATAM, que se estrena en octubre, hará más fácil la tarea de descubrir los otros motivos que hacen de Melbourne el mejor lugar del mundo: su belleza, su personalidad y su constante buen humor.

 

ABC de los barrios

Dividida por el Río Yarra, la ciudad se divide entre el Southside, más tradicional, y el Northside, más moderno. Sus orillas son zonas neutras y reúnen a todo tipo de gente para tomar el sol o charlar

 

Central Business District (CBD)

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Hombres con corbata, estudiantes y turistas caminan de un lado a otro por el centro comercial y financiero de Melbourne. Todo se concentra en Federation Square, una plaza de hormigón que une varias avenidas. Pero es en los interiores del CBD donde la vida bulle. Por largas cuadras se esconde un enmarañado de callejuelas repletas de restaurantes, cafés y tiendas encantadoras. Una de ellas, Hosier Lane, está cubierta de graffitis de arriba a abajo. Otra, ACDC Lane, abriga al Cherry Club, una institución de la música en vivo en Melbourne.

 

Fitzroy e Collingwood

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Los cortes de cabello diferentes y la ropa con mucho estilo delatan que estamos en la parte más moderna de la ciudad. Pero eso no significa que solo los hipsters están autorizados a circular. Estos barrios vecinos acogen tanto a familias y curiosos como a jóvenes barbudos. En las principales avenidas –Brunswick, Gertrude y Smith– se esparcen negocios de ropa de segunda mano y tiendas de diseño. En George Street, vale entrar a Third Drawer Down, que vende esos objetos que jamás pensaste necesitar, como un flamenco inflable para la piscina. Allí cerca está la heladería Messina, que prepara helados cremosos y pasteles creativos. Al fin del día, el mejor programa es ir al bar Naked for Satan –no te asustes con el nombre y sube a la terraza, que se llama Naked in the Sky–, donde se preparan algunos de los mejores tragos de la ciudad, con la puesta de sol australiana como telón de fondo.

 

St. Kilda

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Pestañeas y, de repente, Melbourne se transforma en otra ciudad. La energía cosmopolita le da lugar a un ritmo más perezoso y el olor a mar indica que la playa está bien cerca. St. Kilda fue el lugar que muchos inmigrantes eligieron para vivir al llegar a Australia, como las comunidades italiana, irlandesa y judía. Aparte de la playa, el mejor motivo para visitar la región es Acland Street, donde están las deliciosas tiendas de pasteles polacos. En Monarch, puedes pedir sin culpa un kugel (pastel a base de batata) y un cheesecake sin jalea, mientras escuchas las historias graciosísimas del propietario, Gideon.

 

Buena mesa (pero primero, un café)

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La locura de Melbourne por el café está traducida en números: existen más de 3.000 establecimientos destribuidos por toda la ciudad dedicados a la bebida. Hay desde enormes hasta muy pequeños, como Patricia; desde tradicionales hasta súper modernos, como Sensory Lab; desde rápidos hasta los que invitan a quedarse largas horas, como el agradable Krimper. Cuando no están cultivando su vicio por la cafeína, a los lugareños les gusta comer muy bien. Un buen ejemplar de la cocina asiática, que tanta influencia tiene en la gastronomía local, es Chin Chin, que sirve creaciones tailandesas en un ambiente que recuerda una fábrica. Y para comer una buena hamburguesa y tomar una copa de vino, no hay lugar mejor que Arbory: un restaurante informal, a la orilla del río, que está lleno todas las noches de la semana.

Por las calles

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El transporte público es excelente (los tranvías son gratis en el centro y el sistema funciona 24 horas los fines de semana) y hay una gran cantidad de actividades gratuitas. Esos factores han desarrollado en Melbourne una fuerte cultura de aprovechamiento de los espacios públicos. El grafiti fue liberado en varias vías por presión de los habitantes, y casi todos los museos tienen entrada gratuita –la National Gallery of Victoria, por ejemplo, tiene una excelente colección permanente y obras interactivas en el jardín.

La arquitectura es otra marca local inconfundible. Como en un concurso de belleza, cada nuevo edificio intenta superar a los otros, ya sea en exuberancia o en minimalismo. El de Federation Square dicta el ritmo, directamente desde el corazón del CBD, con sus inmensos triángulos de acero y cobre. Algunas cuadras más adelante, el Melbourne Theatre Company proyecta formas geométricas en 3D alrededor de toda su superficie. Incluso los edificios particulares entran en ese juego, con edificios como el 1010 La Trobe Street, cuya fachada provoca una ilusión óptica, y The Icon, que parece una construcción hecha con Lego. En Melbourne, al fin de cuentas, lo que importa es tener personalidad, sea cual sea.

 

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El gran océano

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A aproximadamente 200 km del centro de Melbourne, una bella carretera costera devela algunos de los paisajes más hermosos del territorio de Victoria. Great Ocean Road pasa por playas de agua cristalina, acantilados, bosques y por los famosos Twelve Apostles, formaciones de rocas esculpidas por el mar. Por el camino es común ver, a no ser que haga mucho calor, koalas y canguros.

 

LATAM tiene vuelos directos a Melbourne a partir de Santiago.

 

Agradecimientos: Tourism Australia, Visit Victoria, Crown Metropol, Hidden Secrets Tours, Melbourne Private Tours, Localling Tours Melbourne