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Italia para amantes de autos:

un itinerario por montadoras y museos

Adriana Marmo

Andrea Giovanelli, LaPresse, Eros Maggi, Julia Rodrigues, Francesco Ricca Lacomino, Divulgación, Getty Images

Cuatro súper ensambladoras, que producen las máquinas más deseadas del mundo, están en la región italiana de Emilia-Romagna, un lugar con paisajes y sabores increíbles a 180 kilómetros del aeropuerto de Milán

 

La rossa

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Lo único que interrumpe la tranquilidad de Maranello, a 188 kilómetros de Milán, en Italia, es el ruido inconfundible de los automóviles. Aún embalados con plástico para protegerlos, dejan la fábrica de Ferrari para hacer tests en la calle. Motores que roncan forman parte de la rutina y son motivo de orgullo para los 15 mil habitantes de la ciudad, aparte de conquistarles el corazón a los turistas enamorados de los autos deportivos. Para conocer la historia de la marca del caballito, que nació en 1947, el punto de partida es el Museo Ferrari. La trayectoria de la marca está contada en detalles, utilizando los modelos más importantes que se han construido allí. Una réplica del primer auto, el 125 S, recibe a los visitantes. Hay una sala dedicada a la Fórmula 1 y sus pilotos: Michael Schumacher le da el nombre a una plaza. En la Piazza Libertà, la Dolce Crema vende helados muy sabrosos  y tiene una ubicación privilegiada para admirar el tránsito de Ferraris. Si quieres saber más sobre autos y sobre el aceto balsámico en su origen, puedes visitar la hacienda La Duchessa. La pareja Ivano y Titiana comanda una fábrica artesanal y suelen contar muchísimas anécdotas sobre los tiempos de Enzo Ferrari.

 

Olé, Lambo!

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Poco más de 35 kilómetros separan Maranello de Sant’Agata Bolognese. Allí Ferruccio Lamborghini instaló la empresa que lleva su apellido, de donde salen autos increíbles. Un desacuerdo entre Ferruccio y Enzo Ferrari sería el origen de la marca. El Sr. Lamborghini tenía una Ferrari, pero vivía quejándose de un defecto en el sistema de embrague. Cuando le reclamó al propio Enzo, la respuesta fue un poco dura: “Eres un agricultor, sigue manejando tus tractores y no hables de mis autos”. Irritado, Ferruccio decidió construir sus propias máquinas, con embragues perfectos. El final de la historia es conocido, pero los detalles y buena parte de los modelos que han sido producidos están en el Museo Lamborghini, inaugurado en 2011. Entre las preciosidades guardadas allí está el primer auto creado por la casa en 1964, el 350 GT. Con una solicitud previa, se puede también conocer el impresionante montaje, totalmente artesanal, que incluye el lugar donde son cortados y cosidos los asientos y acabados del interior de los vehículos. Muy cerca de la ciudad, en Ravarino, está Il Grano di Pepe, restaurante que los críticos tratan como promesa de la gastronomía italiana y donde el chef siciliano Rino Duca muestra en los platos las cualidades de su tierra.

 

El reino de los Ducatistas

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Famosa por sus edificios rojos y por un centro histórico cubierto de graciosos pórticos, Bolonia es la principal ciudad de la región. Pero, para los amantes de la velocidad, guarda otra atracción: la fábrica de Ducati, que produce las motos más admiradas del mundo. Su museo es uno de los más completos y divertidos de la zona. La historia de la marca no empezó sobre dos ruedas, sino que fue evolucionando con la misma Italia. Componentes para radios, el primer afeitador eléctrico y el cucciolo, motor acoplado a las bicicletas que le dio origen a las motos, son algunos de los artículos expuestos. Aparte de muchas Ducatis. En la visita al taller también se puede observar el afinador de motores. Así es, un profesional que regula, o mejor, afina el motor hasta que suene en su modo característico. Otra atracción es el estacionamiento de la fábrica que en los meses de verano se llena de Monsters y Diavels de los empleados (a ellos también les encantan las motos que elaboran). Cerca de la ciudad, en Monte San Pietro, está la Cantina Bonzara, el lugar para conocer vinos producidos con pignoletto, la cepa de la región. Aparte de hacer una degustación, visita la cantina y las plantaciones. El horario ideal es al atardecer, para ver cómo se pone el sol entre las parras.

 

La casa del Tridente

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Hay dos grandes museos en Modena. Maserati es la única de las fábricas romagnolas que no tiene un memorial propio, pero su pasado se puede conocer en la Collezione Umberto Panini,  con el mayor número de autos de la casa del tridente. Allí, aparte de modelos como el exclusivo A6GCS Berlinetta Pininfarina y otros 23 de los más importantes de la marca, se pueden ver algunos proyectos, como el de la Maserati Barchetta. El segundo museo es el Enzo Ferrari, que funciona en la casa donde vivió y preserva su taller original. Modena nos reserva otras gratas sorpresas. Aparte de uno de los centros históricos más encantadores de la región, basta con fijarse en el alegre vaivén de gente de edad entre los cafés para entender que este es un buen lugar para vivir. El chef Massimo Bottura está de acuerdo. Su Osteria Francescana, que suma tres estrellas en la prestigiosa Guía Michelin, es una visita obligatoria. Haz tu reserva con buenos meses de antelación o prueba la comida de Bottura en el Franceschetta 58, de cocina contemporánea, preparada con los ingredientes más tradicionales de esa parte de Italia. Y si tienes tiempo, aprecia en la Azienda Hombre el proceso completo, desde el ordeño de la leche hasta la maturación, de la especialidad de esa región: el parmesano, o el rey de los quesos, como lo llaman los que viven allí.

 

Aventura francesa

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Los franceses también se enorgullecen de sus máquinas. La evidencia de eso es el Musée Peugeot, ubicado en Sochaux, a 500 kilómetros de París, cerca de la frontera con Suiza, donde también está la mayor industria del distintivo del león. Su nombre es “La Aventura Pegeout”; al final de cuentas, son más de 130 años de una biografía que empieza antes de los automóviles. La familia produjo bicicletas, electrodomésticos e incluso monedas. Pero lo que impresiona realmente son algunos artículos muy bien conservados: el Type 1, triciclo a vapor de 1891, considerado el primer auto de la historia de Peugeot, y el Type 2 1892, primogénito de la familia con motor de gasolina. Para los fans de las carreras, una ala reúne ejemplares de rally, de pruebas de larga duración e incluso un McLaren de 1994.

 

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