Milán: estilo por sobre todo

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Tradiciones seculares asociadas a la actitud cosmopolita de los milaneses convierten la ciudad, puerta de entrada a Italia, en un lugar encantador

Conocida como la capital de la moda y el diseño, Milán es también uno de los principales motores económicos del país. Es común escuchar que los lugareños no son muy amables con los turistas, sin embargo, esto no es más que un mito. Menos intensos que los sicilianos (pero no tan relajados como los napolitanos), los milaneses son muy abiertos al mundo que los rodea. A pesar de ser sencillos, caminan orgullosos, gesticulan con pasión y tienen un agudo sentido de la estética.

 

Café en primer lugar

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El café es una religión y se puede tomar de dos maneras: espresso o capuchino. Basta elegir entre las decenas de cafeterías de la Via Montenapoleone, ubicado en el Quadrilatero della Moda, para disfrutar de tu café. Una buena opción es el Caffe Cova, una de las pâtisseries más antiguas de Milán, inaugurada en 1817. Mantente atento a las fachadas de los alrededores: aquí están emplazadas las marcas de alta costura que dan fama mundial a Italia, como Armani, Dolce y Gabbana y Versace.

 

Comer es vivir

Milán es el hogar de renombrados restaurantes, como el Giacomo o el galardonado Cracco. Pero lo que es realmente un deleite es buscar los sitios donde las nonnas todavía preparan las pastas de siempre, con sus recetas traspasadas de generación en generación. De la culinaria milanesa, propia de la zona de Lombardía, se agradece la existencia del mascarpone y de platos como el tortelli di zucca y el risotto. ¡Y es que los risottos abundan en Milán! Suaves, con la mezcla perfecta de salsa y azafrán, con toques de vino blanco.

 

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Para probar la verdadera comida local es recomendable escapar un poco del centro y dirigirse al restaurante La Bettola di Piero. Otra buena parada es la elegante pâtisserie Marchesi, que cuenta con pastas de hojaldre que han deleitado a clientes de la talla de Giorgio Armani.

 

Un día perfecto en Milán

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Una de las principales postales de la ciudad, el Duomo di Milano, comenzó a erigirse en 1386 y es un buen ejemplo de la arquitectura gótica. En sus alrededores, además de la Galleria Vittorio Emanuele II, se puede disfrutar de todo lo que convierte a Italia en un lugar único: las Vespas (motocicletas), las estrechas calles de piedra, las personas en las mesas de las cafeterías gesticulando y discutiendo.

 

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A pocas cuadras del Duomo se ubica la pâtisserie Luini, cuya especialidad, el panzerotti (una masa crocante rellena de queso y tomate), hace que valga la pena esperar en la fila. Con éste en las manos, déjate llevar por la ciudad y entra a las tiendas de discos para comprar vinilos con los éxitos de la década de 1960; pide prosciutto y quesos para para picar en las tiendas de delicatessen del barrio; y durante la caminata, fíjate siempre en la admirable arquitectura que exhiben incluso los edificios más humildes.

 

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Al caer la noche, haz como los lugareños y ve a tomar un aperitivo: elige entre Aperol Spritz, Negroni y Ceresio Spritz (espumante, soda y Solerno, un licor de naranja siciliana). En el bar Il Bacaro del Sambuco las tradiciones se mantienen en pie. Para algo más moderno, dirígete a la Fioraio Bianchi, una antigua floristería convertida en un frecuentado café.