images

Natal: cultura, playa, gastronomía e historia en el noreste de Brasil

Victor Gouvêa

Alexandre Avilla

Soleada y diversa, la capital de Rio Grande do Norte resume, con honor, lo que tiene de mejor el Noreste brasileño

En medio del camino había una duna.

Era grandiosa y estaba allí, en una esquina de Brasil, por obra de la naturaleza. A uno de sus costados los portugueses construyeron, en el siglo 16, el Forte dos Reis Magos para marcar el territorio que le habían conquistado a los franceses. Lo inauguraron justamente el día de Navidad, por eso el nombre, Natal, en portugués. Al otro lado de la montaña de arena está la paradisíaca Praia de Ponta Negra, lugar que funcionaba como escapada de veraneo y que terminó incorporándose a la ciudad antigua en los 90, dándole una nueva personalidad a Natal. Les pedimos a cuatro de sus ilustres habitantes que nos cuenten sus programas predilectos para conectar dos versiones de la ciudad: la de los turistas y la de los locales, en un único destino.

 

De paseo con Roberta Sá

images

Anacardo entero en almíbar, castañas tostadas, galletitas variadas, goma de tapioca (hecha con yuca). Cuando la cantante Roberta Sá vuelve a su tierra, prepara un cargamento de las delicias que saboreaba en su infancia para llevarse a Río de Janeiro, donde vive hoy. Ella nos revela el lugar exacto para encontrar esas maravillas típicas: la tienda Cantinho Sertanejo. Como se mudó hace casi 20 años, Roberta no se niega a hacer lo que puede ser considerado un “programa de gringos”. Y completa su canasta de compras en una caminata por el Centro de Turismo de Natal, un edificio neoclásico amarillo del siglo 19 que ya funcionó como orfanato y cárcel, pero desde los años 70 concentra tiendas de artesanía. Grandes puertas y ventanas permiten la entrada del viento, refrescando las tardes calurosas. Allí encuentra algunos de sus productos preferidos: los delicados bordados hechos a mano de la región de Seridó y los caftans, coloridas túnicas para la playa.

 

images

Con uno de ellos en la mano, es hora de conocer la Praia de Ponta Negra, la playa que fue el inicio del área nueva del municipio. La temperatura perfecta del agua y el escenario con el  Morro do Careca, la duna que funciona como tarjeta postal de Natal, hacen que los visitantes se tomen su tiempo. “Me encanta quedarme por aquí, aprovechar un día de sol, sentarme en el puesto Old Five y tomar una cerveza; te la sirven en una reposera al lado del mar”, suspira. Roberta termina su día con una tapioca de la Casa de Taipa, en el mismo barrio. El menú tiene 26 opciones de esa especie de panqueque hecho con harina de yuca, con distintos rellenos (el más pedido es el de camarón con crema de zapallo). Prueba comerlo con los pies enterrados en la arena y así entenderás por qué la cantante añora tanto Natal.

 

Cultura con Quitéria Kelly

images

Los artistas, músicos, poetas y bohemios en general siempre encuentran su reducto. En Natal, ese lugar es el barrio de la Ribeira, en la zona del puerto, con caserones antiguos y una encantadora decadencia. Por las calles empedradas, la actriz Quitéria Kelly se pierde en el movimiento, saluda a los conocidos y entra al teatro de la Casa da Ribeira para una noche más de espectáculo. “Vivir de arte en Natal es resistir, porque tenemos a la playa como centro de atracción”, afirma y muestra su piel que hace tiempo no broncea. El propio teatro sigue existiendo un poco por insistencia y guarda la historia de una antigua panadería centenaria del barrio. En 2017 se cumplen los 10 años desde su reforma, y también de existencia del Grupo Carmin, fundado por Quitéria, que presenta obras premiadas en las que se discute lo que significa ser de Natal, del Noreste y brasileño. El Espaço Duas, en Ponta Negra, es otra referencia de cultura local recomendada por la actriz. Desde la calle residencial se escucha un saxofón: una pista de que por allí también se esconde el arte. La programación y los eventos del espacio se actualizan a diario en la página de Facebook e incluyen desde bazares de editoriales independientes a pequeños shows solo con artistas de Natal.

 

images

Como Quitéria no es injusta con la concurrencia, también recomienda una linda playa. Por estar en el límite de la zona en que el huso horario cambia, el sol nace y se pone más temprano en Natal, alrededor de las 5 de la mañana y a las 17 horas. Por eso recomienda salir temprano para aprovechar la playa de Camurupim, a 40 minutos de la ciudad, con piscinas naturales que se forman durante la marea baja gracias a una barrera natural de piedras. A la vuelta, una parada en el Mirante dos Golfinhos asegura un show mientras los delfines saltan entre los barcos de pescadores con el fondo de acantilados, un paisaje único de esa región. El que todavía tenga energía debe seguir el último tip de la actriz y probar un baile  llamado forró, en la casa Rastapé, que se toca con acordeón,  triángulo y bombo. Es una buena manera de tener contacto con los que allí viven, de encontrar un par para bailar o simplemente de ver cómo se mueven las parejas al aire libre. Pero, no puedes perderte esta adundante y animada cultura local.

 

Historia con Daniel Cavalcanti

images

Cascudo, al igual que el nombre de un pescado, es un bistró refinado en el barrio de Petrópolis, pero no se llama así por el animal. El homenaje del chef Daniel Cavalcanti es a Luís da Câmara Cascudo, historiador de la cultura popular brasileña que nació en Natal. Daniel muestra sus ejemplares de los libros importantes del maestro, como Historia de la Alimentación en Brasil, la biblia para el que quiera entender las tradiciones de la cocina del país. Natural de Currais Novos, al interior del estado, el chef ha pasado por el premiado restaurante D.O.M., en São Paulo, y después por una temporada en España. “Uno se va lejos para descubrir que necesita trabajar con lo que es suyo”, dice. Uno de sus paseos favoritos es visitar el caserón de 1900 donde vivió Câmara Cascudo. En el living está expuesta la máquina de escribir que dio origen a más de 200 obras y en las paredes hay firmas de sus amigos ilustres, como el maestro Heitor Villa-Lobos. Invitado a integrar proyectos fuera de Natal, Cascudo se negaba: “Alguien tiene que quedarse para cuidar las cosas económicamente inútiles”.

 

images

En sus innumerables investigaciones, el habitante más ilustre de Natal probablemente visitó, tal como lo hace Daniel hoy, el Mercado da Redinha. Allí tuvo origen la clásica tapioca con ginga: el pescado frito que sobraba con el panqueque de harina de yuca. El chef lleva a su familia para comer ese plato directamente donde se ha inventado y después visita el Parque das Dunas, segundo mayor parque urbano de Brasil con tres senderos de 800, 2.400 y 4.800 metros. A la entrada, el Bosque dos Namorados atrae a visitantes menos deportivos con lugares para picnic y un anfiteatro donde se organizan shows los domingos, cercados por las dunas.

 

Gastronomía con Clara Medeiros

images

La unanimidad es para pocos. Pero si en Natal hay algún consenso es sobre el  restaurante Camarões, el más querido de la ciudad. Cuando el padre de Clara Medeiros fundó el primero de los cuatro locales, ella tenía apenas 2 años. “Crecí dentro del Camarões y con él, comiendo todos los días los platos y conociendo a los clientes”, cuenta, y atribuye el éxito del lugar justamente a esa relación de proximidad con los que lo frecuentan. Aparte del menú, claro. El plato Grelhado das Dunas, por ejemplo, es un festival del mar, con langosta, camarón, calamares y pulpo, que llega humeante a la mesa en una plancha e inmediatamente explica la fila de espera que se forma en la puerta todos los días. La empresaria de 30 años también se rinde a otras experiencias gastronómicas en la ciudad, como el restaurante del hotel Manary, el más encantador de la ciudad. A la orilla de la playa, sirve platos más contemporáneos, como camarón a la plancha con melaza y risotto de zapallo con carne seca, acompañado de buenos vinos. El propio hotel es una buena opción de hospedaje: tiene excelente ubicación, cuartos amplios, obsequios y una decoración playera elegante.

 

images

Pero no existe apenas la Natal sofisticada. Uno de los bares más tradicionales, el 294, es sencillo y directo. Tiene mesas coloridas, samba en los bafles y sirve al mes seis mil cangrejos cocinados en leche de coco, debidamente martillados por los clientes hasta que aparezca la carne, un deporte típico en el noreste de Brasil. “Los turistas no van allí”, dice Clara, dándonos un motivo más para explorar otra faceta de la ciudad.   Para quemar las calorías acumuladas con la buena mesa, ella lleva a sus perros a pasear por la Via Costeira los domingos. La larga avenida que conecta Natal antigua con la nueva, apretujada entre las dunas y el mar, se cierra parcialmente los fines de semana para dar paso a skaters, ciclistas, atletas ocasionales y a familias, como la de Clara, que ha construido el negocio más amado de Natal.

 

LATAM tiene vuelos directos a Natal desde: São Paulo, Brasília y otros 2 destinos.

 

Agradecimientos: Secretaria de Turismo do Rio Grande do Norte Setur RN y Hotel Manary.