Un itinerario en auto por Alemania medieval

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Ponte en ruta con una road trip por castillos, iglesias y ciudades medievales cerca de Frankfurt 

 

Colonia, la dama del Rin

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Nombra una gran ciudad medieval y verás que está a orillas de un río. La lógica es sencilla: el agua ayudaba a la limpieza, garantizaba el abastecimiento y, además, era una ruta navegable.

 

Colonia, la cuarta ciudad más grande de Alemania, repleta de estudiantes universitarios, no es ninguna excepción. Tiene tanta cercanía con el Río Rin que una buena manera de apreciar la vista es justamente desde ahí, en el puente Hohenzollern, que conecta la parte antigua a los barrios más nuevos. Desde allí se ven las dos torres góticas de la Catedral que intentan alcanzar el cielo (tienen 144 metros, una de las más altas del mundo). Dom, como se la llama, tardó 600 años para ser construida, del 1248 al 1880, y hoy es Patrimonio de la Unesco.

 

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A pesar de ser la preferida, no es la única señora respetable de estos parajes. Rathaus, la municipalidad, es una construcción del 1330, con reformas y añadidos de estilos variados, y arcos imponentes. Los últimos retoques fueron dados en la década del 1970 para recuperarla de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Está cerca del Alter y del Fischmarkt, los mercados “Antiguo” y “de Pescado”, respectivamente. Unos embriones de la sociedad en la Edad Media, ya que muchas veces las ciudades empezaban gracias a ellos. Panaderos, artesanos, herreros y otros profesionales pasaban a vivir cerca de los mercados para vender sus productos y servicios y así, de pronto, surgía una ciudadela.

 

Para alimentar a todos esos comerciantes aparecieron los comedores y tabernas, que el restaurante Haxenhaus zum Rheingarten imita. Si quieres probar el Haxen, la receta de codo de cerdo típica cuyo primer registro es de 1231, evoca a tu ‘brutus’ interior y ¡devórala! Pasado y presente se encuentran en el paladar de los comensales.

 

Bonn, la antigua capital

Cuando Alemania fue dividida y Bonn se convirtió en capital de la parte Occidental, la ciudad ya tenía mucha historia. Dos siglos antes, cuando nació Beethoven, ya le sobraba experiencia. Es anterior incluso a la Edad Media: su fundación fue trabajo de romanos en el año 1 a.C. En el siglo 11, fue modernizada con la construcción de Bonn Münster en el lugar de otra iglesia, lo que le trajo crecimiento y algunos problemas.

 

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Después de ser incendiada dos veces (la vida en la Edad Media no era nada fácil) necesitó protección y la población del feudo decidió entonces construir su propia muralla, de la cual hoy sobran unas pocas partes. Una de ellas es Sterntor, la imponente puerta principal, tan imponente como a Bonn le gustaría mostrarse a sus posibles invasores.

 

Una de sus vías más importantes en esa época, Sternstrasse, exhibe casitas bien conservadas, construidas de dos pisos para abrigar al comercio en la planta baja y a la familia en el segundo piso. En las fachadas de tiendas y restaurantes hoy dominados por turistas, se ven carteles que cuentan el año de construcción y la función de los edificios. Bonn, al fin y al cabo, no ha cambiado tanto.

 

Bad Münstereifel y la vida en el interior

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Pequeña y delicada, Bad Münstereifel queda a 45 minutos en auto desde Bonn, unida por una ruta sencilla y bucólica, con árboles y caballos que comen pasto tranquilamente. Ya cercana a la villa, se ve una fortaleza del siglo 13, que rodea toda la ciudad y que está prácticamente intacta. Sube sin titubear y aprovecha la vista panorámica.

 

Desde allí se llega caminando a Bad Münstereifel, que hoy tiene poco menos de 20 mil habitantes y calles de adoquines. Pasear por ellas nos hace sentir como si hubiéramos encogido y pudiéramos andar entre casitas de muñecas. Las casas hechas con una técnica de construcción de la Edad Media, con estructuras de madera, conservan sus grabados en las fachadas que hoy abrigan tiendas de outlets. Siguiendo la muralla, se llega a una escalera que lleva hasta la cima: siéntate, aprecia los techos con chimeneas humeantes y disfruta el silencio. A veces, parece que el tiempo no ha pasado.

 

El valle encantado de Cochem

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La figura del castillo de Cochem se impone en la cima de la colina sobre la pequeña ciudad homónima, en el valle del Río Moselle. Es el ejemplo de un feudo que nació para servir a la vida lujosa y privada dentro de las paredes de piedra. Pero el disfrute se terminó cuando el castillo sucumbió a la invasión francesa de  1702. Con su recuperación, en el siglo 19, se sumaron otras influencias arquitectónicas que se pueden observar durante el paseo. Cumbres tomadas por parras –te puedes imaginar a los campesinos de otras épocas– decoran el bonito valle.

 

Abajo, la vida sigue con señoras que escogen frambuesas en la feria de la plaza central y parejas de turistas toman sus cafés sin prisa. El apfelstrudel del café del Hotel Germania, saboreado frente al río, clausura bien el día y te prepara para volver a la ruta. 

 

Burg Eltz de la nobleza

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El que viene desde la ruta tarda en ver el castillo de Eltz. Al mismo tiempo que sobresale sobre una piedra de 70 metros de altura, está al fondo de un valle cercado por un bosque, jugando a las escondidas. Desde el estacionamiento hasta llegar a la ruta hay dos miradores, y allí se revela, engreído, lindo. Otros senderos aparecen entre los árboles, sugiriendo qué ángulos distintos aún pueden descubrirse.

 

Construido en 1157, ese castillo ilustraba el billete de 500 marcos alemanes, antes del euro. Los Eltz, que levantaron su castillo en el cruce de rutas comerciales, son aún dueños de la propiedad y se los ve por allí con frecuencia. Adentro, una exposición de armaduras medievales y pinturas originales está incluida en el tour, que también pasa por cuartos y por la cocina del castillo. Como para tener un gustito de la vida refinada de la nobleza.

 

LATAM tiene vuelos directos a Frankfurt desde: São Paulo y Madrid.

 

Agradecimientos: Centro de Turismo Alemão DZT, Köln Tourismus GmBH, Tourismus & Congress, GmBH Region Bonn