playas para sumergirse en el paraíso de Pernambuco

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Porto de Galinhas

Ipojuca

La combinación perfecta entre naturaleza y  estructura turística convierte a Porto de Galinhas –ubicada a 70 kilómetros de la capital, Recife– en una de las playas favoritas de Brasil. En parajes como Muro Alto, las piscinas naturales llegan a 2 kilómetros de extensión. Durante la puesta de sol, los huéspedes de los resorts de lujo y los clientes restaurantes de cocina típica se vuelcan al pueblito principal.

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Playa de Boa Viagem

Recife

Por un lado, el barrio de Boa Viagem es un paraíso con su mar color esmeralda, corales y arrecifes. Y por otro, cuenta con todas las ventajas de un barrio noble de la capital pernambucana, con edificaciones de lujo, calles para practicar deportes y ciclovías. Ir en bicicleta a las playas cercanas Piedade y Pina es un muy buen panorama para quienes disfrutan del surf.

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Bahía Maracaípe

Ipojuca

Yendo por la arena, poco más de 5 kilómetros separan el centro de Porto de Galinhas con la mejor puesta de sol de la región: el Pontal de Maracaípe. Popular por sus olas, en la bahía además ofrecen paseos en balsas en medio de los manguezales, hábitat natural de manglares cangrejos y caballitos de mar.

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Isla de Itamaracá

Itamaracá

Fue escenario de disputas entre los portugueses y holandeses en el siglo XVII. Esta isla del norte pernambucano alberga edificaciones como el Engenho São João y el Fuerte Orange. Desde el fuerte, además, salen lanchas y catamaranes que en minutos llegan hasta Coroa do Avião, islote repleto de bares y restaurantes.

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Praia de Calhetas

Cabo de Santo Agostinho

Aislada por muros de piedra, esta pequeña playa com vegetación nativa, ubicada a 50 kilómetros de Recife, se há transformado em um refugio. Con una tirolesa se accede a una fina franja de arena dorada, donde las piedras que se adentran en el agua le dan a la costa un formato de corazón que es un verdadero encanto.

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Carneiros

Tamandaré

Entre río y mar, ¡elige uno de los dos! A 10 kilómetros del centro de Tamandaré, esta zona tiene  aguas turquesas y marca el encuentro de los ríos Formoso y Ariquandá con el océano. Su estilo rústico de playa desierta contrasta con los elegantes bares y restaurantes instalados allí.