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Cómo vive la paternidad un piloto de LATAM

Erika Paixão

Archivo Personal

La influencia paterna hizo que el comandante chileno Pedro Pablo Torres siga su sueño de volar

 

La pasión por la aviación acompaña al chileno Pedro Pablo Torres desde niño, cuando decidió que quería ser piloto igual que su padre, Sergio Torres. Los vuelos que hizo a su lado mientras era pequeño le dieron tan solo una muestra de cómo sería pasar su vida en los cielos y, a los 16 años, empezó sus estudios para continuar el legado de la familia. “Tuve la suerte de viajar con él para traer aviones de los Estados Unidos. Mi padre fue un gran ejemplo”, recuerda. 

 

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Algún tempo después de terminar su formación, Pedro entró a LATAM, donde trabaja hace casi 22 años. Y aunque es un comandante con experiencia y más de 15 mil horas de vuelo, nada lo había preparado para lo que acabó siendo su mayor (y mejor) desafío: criar a sus dos hijos, Andrés y Pedro. Era el momento de recordar, desde otra perspectiva, todas las referencias paternas que heredó, además de aprender a combinar la profesión con el crecimiento de los niños. 

 

“Piloté un A-320 en rutas nacionales hasta que mis hijos tuvieron 8 años. De esa forma podía regresar a casa casi todos los días”, cuenta él.

Actualmente, al mando de un B-787 y cruzando continentes hasta Tel Aviv, en Israel, o Auckland, en Nueva Zelanda, el chileno pasa casi diez días al mes fuera de casa. Al regresar consigue unos días libres, inclusive durante la semana: “Puedo hacer cosas al aire libre cuando hay poca gente en los lugares”, dice. Acampar y esquiar están en la lista de actividades favoritas de la familia y priorizar el tempo con ella es lo que hace feliz al piloto.

 

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