Entre el cielo y el suelo: los dos lados de la aviación

Para el ecuatoriano José Julián, no es coincidencia que las palabras “vuelo” y “suelo” rimen en español. De sus casi diez años trabajando en LATAM, seis fueron por el aire, como tripulante de cabina. Hoy con los pies fijos en Guayaquil, trabaja como coordinador de la atención al cliente en Ecuador.

 

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“Haber pasado tanto tiempo volando me ha permitido desarrollar la empatía hacia el pasajero”, dice. Esa atención lo llevó a ser jefe de bordo en la flota A320 – una posición en la cual ha volado nacional e internacionalmente. En esa época, su itinerario incluía ciudades como Quito y Cuenca y también lugares como Argentina, Chile, Perú y los Estados Unidos. 

Trabajar en el aire y en la tierra, para él, son experiencias igualmente enriquecedoras, aunque bien distintas. “Volar es un estilo de vida: te permite conocer nuevas personas, culturas y lugares”, evalúa. Hoy, más que nunca, se dedica a atender a las personas, algo que le agrada, pero estar en tierra le ha proporcionado más tiempo para dedicarle a su hijo y a sus intereses personales.

 

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Uno de ellos es la fotografía. Desde temprano una pasión para él, junto con la música, que practica tocando su bajo y su guitarra eléctrica. En los tiempos de tripulante, la cámara nunca abandonaba su equipaje: con ella ha registrado gente y lugares en cada destino por el que ha pasado. Una manera especial de coleccionar momentos, haciendo ensayos de fotografía de calle en cada destino y así llevándose a Latinoamérica en el bolsillo.