La rutina de un tripulante de cabina

Mi rutina como tripulante de cabina empieza un día antes del vuelo. Dejo mi valija preparada, las cosas de tocador organizadas y mi uniforme planchado. Duermo 8 horas y me despierto una hora antes de salir para el aeropuerto. Reposar es esencial para que esté despierto y descansado. En los primeros seis meses de profesión, me resultaba muy difícil dormir de día. Ahora, cierro la cortina y duermo aunque el sol esté brillando.

 

Llego al aeropuerto con 1h10 de anticipación y voy a la sala de briefing. Busco mi vuelo y me presento ante mis compañeros. Hablamos sobre la actualización de manuales de seguridad, conocemos la ruta y organizamos el servicio a los pasajeros, entre otros procedimientos. 

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Toda la tripulación se dirige hacia el avión junta, 40 minutos antes del vuelo. Estar en la sala de embarque, cuando vemos a los pasajeros, es un momento mágico. Siempre me acuerdo de cuando yo viajaba y admiraba a los tripulantes, soñando con ser uno de ellos.

 

Dentro de la aeronave, hacemos el chequeo de los equipos de seguridad y revisamos el catering. Treinta minutos antes del vuelo, los pasajeros empiezan a entrar. Todo se ve en el embarque: pasajeros que tengan necesidades especiales, los que están con prisa, mamás con bebés etc.

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Cuando la puerta se cierra, realizamos las demostraciones de seguridad y hacemos un procedimiento que se llama cabina libre, que consiste en ver si los pasajeros están con los cintos de seguridad abrochados, las mesitas cerradas y las piernas libres. 


Después del despegue, cuando las señales de abrocharse los cinturones se apagan, empezamos a preparar los carritos con comida y bebida. Servimos todo, recogemos la basura y caminamos para ver si los pasajeros necesitan algo. Entonces bajamos las luces de cabina. 

 

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Luego viene el aterrizaje. Volvemos a hacer el procedimiento de cabina libre, nos sentamos y esperamos hasta que la nave esté en el suelo. Los empleados en tierra abren la puerta y nos despedimos de los pasajeros. En ese momento llega la hora del descanso. Vamos hasta el hotel y tenemos entre 24 y 30 horas para disfrutar playa, sol, compras… A la vuelta, todo empieza nuevamente. Estoy tan realizado que para mi no es un trabajo, ¡es una pasión!