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Amazonía:

desde el lado ecuatoriano

Eduardo do Valle

David Aguillar

Camino hacia el este, los pueblos van desapareciendo mientras el verde aumenta. El destino final es Puerto Francisco de Orellana, donde el asfalto cede espacio a las aguas de los ríos Coca y Napo. Por ellas se llega a la Reserva Ecológica Cuyabeno y al Parque Nacional Yasuni, además del Parque Nacional Sumaco Galeras, la tríada de riquezas de la Amazonía ecuatoriana –una región repleta de misterios.

 

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Parque Nacional Yasuni

Juntas, esas tres reservas superan los 18 mil km2 (más que toda Jamaica, por ejemplo), y su grandeza también está en la biodiversidad. La del Yasuni, por ejemplo, es considerada una de las más ricas del planeta: diversas investigaciones muestran más de 2 mil especies de árboles, centenares de mamíferos, reptiles, peces y 610 tipos de aves, muchas de ellas endémicas. Su canto se hace omnipresente desde el río y parece una orquesta con una sinfonía salvaje, extraña a oídos urbanos. Desde las torres de observación de los lodges de la región se ve mejor la variedad, por ejemplo hay aves que parecen una especie única de lechuzas, y se divisa fácilmente la parva hedionda o chenchena, un ave tropical y de aspecto prehistórico que solo existe allí.

 

Yasuni también es la casa de comunidades indígenas como los Taromenane, voluntariamente aislados. Pero existen otros pueblos más abiertos a la convivencia que se pueden visitar y con los que aprender de sus costumbres… y mucho. En la Reserva Cuyabeno, que une Ecuador a Colombia y Perú, viven los Siona. Nativos de las orillas del río Putumayo, hablan su propio idioma sin que esto les impida recibir visitantes. En el pueblo repleto de ceibos de hasta 50 metros el chamán Tomás explica el uso ceremonial de la ayahuasca y de otras plantas sagradas, que los conectan a la entidad Diosú y a los espíritus de la selva.

 

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Reserva Cuyabeno

Detalles como ese le dan profundidad a la experiencia amazónica e ilustran el sumak kawsay, expresión en quechua que se traduce como “vida en plenitud”. Para ellos, eso se alcanza mediante la conexión de las comunidades con la vida y la naturaleza, un concepto tan importante que inspiró partes de la Constitución de Ecuador. Volviendo hacia el oeste, una última parada en el Parque Sumaco expresa ese espíritu. Situado al borde de los Andes y con un volcán del mismo nombre, está rodeado de selva amazónica y un sinfín de ríos y cascadas. Una zambullida en cualquiera de ellos definitivamente dejará en evidencia lo sagrado.