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Secretos de la arquitectura en el Valle Sagrado de los Incas

Victor Gouvêa

Adriano Fagundes

En un recorrido por el Valle Sagrado de los Incas, en Perú, el arquitecto Andres Adasme muestra de qué modo los astros han influyeron en las construcciones seculares de la región

 

“No son ruinas. Son templos antiguos que siguen marcando el paso del tiempo”, afirma Andres Adasme, arquitecto chileno radicado en Perú. Antes de acompañar a un grupo de turistas que saldrían a explorar construcciones incas, él explica, con la precisión de un GPS, algunas de las complejas teorías al respecto.

 

Además de ser responsable de los proyectos de los hospedajes de lujo Mountain Lodges of Peru y de explorar nuevos senderos por la región del Valle Sagrado, Andres organiza paseos para hablar sobre arqueoastronomía, tema que estudia desde que se mudó a la ciudad de Cusco, hace ya 14 años. Se trata de la fusión entre arquitectura y astronomía, es decir, la relación entre el cielo andino y los templos ancestrales, a los que llama “relojes de piedra”.

 

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Andres empieza contando sobre el mito de la creación Inca, que posicionaría a Cusco donde está. Según la leyenda, Manco Capac y Mama Ocllo fueron los primeros incas, hijos del Sol y de la Luna, respectivamente, concebidos en Tiahuanaco, en lo que hoy es Bolivia, a la orilla del Lago Titicaca. Con un bastón de oro, marcharon desde allí hasta Cusco en busca de la tierra para establecer su pueblo. Leyendas aparte, el hecho es que se puede trazar una línea recta de 500 km entre las dos ciudades por donde ellos habrían caminado y, siendo aún más exactos, una línea de 1.500 km rumbo a Cajamarca, al noroeste de Cusco, lugar hacia el cual los dos habrían partido, desapareciendo finalmente en el mar. Sin instrumentos de navegación y guiados apenas por los astros, la exactitud es impresionante.

 

Por todo el Valle Sagrado, se abren estas especies de ventanas hacia el pasado. Pero se hacen más claras en Cusco y en el pequeño poblado de Ollantaytambo. Por allí los rayos del astro-rey iluminan puntos exactos en los equinoccios de otoño y primavera, que marcan el principio de nuevas etapas para la agricultura.

 

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Si se observa bien, los días 21 de marzo y 22 de septiembre, una luz pasará por el Templo del Sol, en Ollantaytambo, hasta llegar a la ventana y a la puerta de la Pirámide de Pakaritampu, reflejada en el piso, en plantaciones muy antiguas. Según Andres, la claridad de esta luz no es tan intensa, no por un error de cálculo, sino debido a los cambios de ángulo de la Tierra en el espacio.

 

Teorías como las del antropólogo Brian Bauer, de la Universidad de Illinois, y del astrofísico David Dearborn, dicen que la luminosidad de este fenómeno estaría correcta de acuerdo con el mapa del cielo de hace 12 mil años. Sabiendo que el Imperio Inca tuvo su apogeo en el siglo 15, la información puede revelar sociedades organizadas miles de años antes de que los incas se transformaran en los “manda más”. El chileno se entusiasma con tales informaciones y las apoya.

 

“Los días son más simples de entender, porque su única referencia es el Sol. Cuando la inspiración es la noche, se vuelve todo mucho más complejo”, explica el guía. El Templo del Sol, por donde pasa la luz solar, queda sobre la cabeza de un inmenso dibujo de una llama, formado por las terrazas agrícolas, y representa la constelación más importante de la creencia ancestral. Se lo puede ver entero desde el sendero de Pinkuylluna Alta, en la colina del lado opuesto a la ciudad.

 

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Allí abajo corre el Río Wilka Mayu (“Río Sagrado” en quechua, uno de los dos idiomas del país), conocido como Urubamba. Según el simbolismo cosmológico, el río es el reflejo de la Vía Láctea, que podía ser vista gracias a la altitud de los altiplanos andinos, como un cinturón que cruza el cielo.

 

El mapa original de la ciudad de Cusco tenía la forma de un puma, otra constelación fundamental para los Incas. De la cabeza a la cola, una línea –comosi fuera la columna vertebral–, marca la posición de las construcciones incas en la ciudad (en su mayoría destruida por los colonizadores españoles). El que ha resistido es el complejo de Sacsayhuaman, donde estaría la cabeza del animal. Vistos desde arriba, los dientes han sido simulados con un escalonado de piedras gigantescas, con encajes perfectos que aún intrigan a los especialistas e indican que ese es un lugar sagrado. Hasta hoy, se celebra allí el Inti Raymi, la Fiesta delSol, cuando llega el solsticio de inverno.

 

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Hay varias teorías sobre como las piedras han ido a parar allí. La más aceptada habla de rampas de tierra por las cuales se empujaba a las rocas hacia arriba, con el esfuerzo físico de miles de hombres. Cuando se observan las piedras removidas de sus lugares originales se notan los encajes en el interior, como si fueran piezas de Lego, planeadas para soportar los terremotos de la región.

 

En el lugar donde está la catedral, levantada sobre las piedras de un antiguo templo inca (para subrayar la soberanía de los conquistadores), estaba marcado el corazón del puma. Los restos del templo de Koricancha comparten el mismo espacio con el Convento de Santo Domingo. Antes con paredes forradas de plata y techo de oro, el sol también invadía un agujero que iluminaba la cámara sagrada en la cual estaba el trono del emperador. Caminando por las calles del puma cusqueño, Andres va señalando varias referencias a los astros, y se entusiasma con los tramos originales de la ciudad y con las especulaciones. Casi parece que no pertenece a este mundo.

 

Para ir más allá

La inmersión en el universo inca puede ser ampliada con un viaje a uno de los sitios arqueológicos más famosos del mundo: la ciudad de Machu Picchu. Aunque el tour que propone Andres no avance hasta allá, el especialista les da consejos a los que pretendan seguir esa ruta. 'La división de la arquitectura social de Machu Picchu es clara, y puede ser apreciada desde arriba de la montaña Huayna Picchu o desde las terrazas frente a la ciudad sagrada. Existen los sectores de vivienda, donde las paredes de las casitas de piedra aún están de pie; el sector sagrado, representado por templos como el del Sol y el del Cóndor; el área de convivencia marcada al centro por un área de césped, y la parte agrícola, donde están las terrazas en la montaña', explica.

 

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Saliendo de Cusco, el que desee ir a Machu Picchu puede tomar un tren en la estación Poroy, a 20 minutos de la ciudad, que va hasta Aguas Calientes. El trayecto dura cerca de dos horas y media. Después, un autobús lleva a los visitantes hasta la entrada del sitio arqueológico.

 

 

Cómo llegar

LATAM tiene vuelos diarios y directos hasta la ciudad de Cusco, a partir de Lima. El aeropuerto internacional queda a 20 minutos del centro histórico, donde están la mayoría de los hoteles. El tramo puede hacerse en taxi.

 

LATAM tiene vuelos directos a Cusco desde Lima, Juliaca, Puerto Maldonado y otros 3 destinos.