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Violeta Parra y Santiago:

una cantora y su ciudad

Marisol García

Latinstock, Julio Bustamante–Archivo CENFOTO-UDP, Beatriz Chávez

La artista le cantó a Santiago desde la nostalgia y el dolor, y la capital chilena acogió parte de su más interesante desarrollo artístico

 

Violeta Parra es la más universal de las creadoras que en Chile abocaron su trabajo al arte popular. Cantautora, artista plástica e investigadora, hoy es presencia viva en Santiago gracias al museo con su nombre, ubicado en un punto de la ciudad en el que convive con apuros, obligaciones y trámites, en la calle Vicuña Mackenna. Desde el 2015, el espacio —de acceso gratuito y 1.330 m2— cobija gran parte de su obra visual (óleos, arpilleras y trabajos en papel maché), y objetos como su guitarrón, arpa y máquina de coser. También hay fotografías y grabaciones de su música, y a menudo se hacen recitales en un teatro al interior.

 

Es un merecido trato oficial el que goza Violeta Parra en el centro de la ciudad, y contrasta con el testimonio de su llegada. La adolescente venida desde Chillán enfrentó el Santiago de los años ‘30 sin contactos ni ayudas institucionales, apenas confiada en su determinación y el apoyo de su hermano Nicanor. «Salí de mi casa un día / pa’ nunca retroceder», recuerda en sus décimas autobiográficas. Describe allí que al bajarse del tren y cruzar el portón de la Estación Central —donde nadie la esperaba— sintió como si un gran perro fuese a morderla.

 

Museo Violeta Parra: Vicuña Mackenna, 37

 

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Los años de Violeta Parra en Santiago son de una determinación conmovedora, obstinada en la entrega al prestigio del arte popular. Allí tuvo sus primeras presentaciones formales en boliches ya extintos del sector de Matucana (como El Tordo Azul y La Popular), cantando boleros, rancheras y corridos. Allí también recibió los aplausos de sus pares, al obtener el Premio Caupolicán a la Mejor Folclorista de 1954 en el Teatro Municipal.

 

En una celebración de Fiestas Patrias en el parque Quinta Normal conoció a la investigadora Margot Loyola, referente de trabajo, compañera de esfuerzos, amiga y —a veces— gentil rival. Este extenso lugar es testigo de pasos importantes de Violeta Parra, y darse una vuelta por los jardines es imprescindible para seguir su rastro en la capital.

 

Mientras vivió en Europa, cantó: «Quiero bailar cueca, / quiero tomar chicha, / quiero ir al Mercado / y comprarme un pequén. / Ir a Matucana / y pasear por la Quinta, / y al Santa Lucía / contigo, mi bien». La nostalgia por rincones de Santiago sostiene su doliente composición “Violeta ausente” (1955), y contrasta con la dureza con que luego cantaría “Santiago, penando estás” (1962). La ciudad fue la puerta de entrada a su legitimación como artista, y también el choque con un entorno que desconfiaba de su preparación y su método. Aunque sus evocaciones remiten siempre al campo, la capital representa el trabajo duro, la validación y la despedida. Late hasta hoy en huellas nuevas y ecos de memoria de una ciudad que le resultó inspiradora y que quedó también definida por su canto.

 

Teatro Municipal de Santiago: Agustinas, 794

Parque Quinta Normal: Matucana, 520