images

Arte y ancestralidad:

el encuentro de una diseñadora brasileña con las tejedoras peruanas

Camila Lafratta

Victor Affaro

Flávia Aranha y María Vetancur están inclinadas sobre las ollas. Después de haber enfrentado la falta de oxígeno en las alturas de la montaña para buscar plantas y raíces, regresaron a la aldea para hervir las lanas y comenzar el proceso de coloración. Maria sólo habla quechua; Flávia, español. De alguna forma, ambas logran entenderse para escoger los colores y decidir la temperatura del agua.

 

images

Estamos en Choquecancha, un recóndito pueblo ubicado a cuatro horas de Cuzco (yendo en automóvil) y es el lugar que Flávia (estilista de São Paulo especializada en el teñido natural de tejidos) hace mucho tiempo quería conocer. “El territorio andino, y el peruano en particular, es muy rico en técnicas de coloración”, nos cuenta. “Los poblados conservan los sofisticados procesos incas ancestrales. Esas eran las vivencias que yo buscaba. Estábamos avanzando por los difíciles caminos de la montaña y de repente nos encontramos con esas mujeres vestidas con increíbles colores”, dice Flavia.

 

Choquecancha alberga una de las varias cooperativas de la zona, que promueven la inserción de las comunidades en el mercado. Lideradas por María, cerca de 10 tejedoras viven de la confección y del teñido, utilizando materias primas orgánicas. Flávia quedó encantada con  colores especiales y únicos. “Hay colores que nunca he visto en otros lugares, como algunos tonos de rojo; o el verde agua, que proviene de plantas que sólo existen allá”, comenta la brasileña.

 

Técnica y aprendizaje

images

En el pueblo, el material utilizado para confeccionar la ropa es mayoritariamente lana de alpaca o de llama. Según Flávia, la fibra animal se impregna con el colorante mejor que la vegetal y ese es uno de los motivos para obtener un resultado final tan vibrante.

 

El proceso de fijación ocurre gracias a la arcilla. “Las mujeres cosechan las plantas, hierven la lana y fijan los colores con ese barro que sólo se encuentra allá”, explica Flávia. “Existe una relación muy íntima con la montaña y la naturaleza, lo cual se refleja en los telares. Si preguntamos cómo hacen ellas para escoger esos colores y diseños, ellas responderán simplemente que están contando lo que vieron y sintieron ese día”.

 

images

Sobre Choquecancha

Asentado en el Valle de Lares, a 3.600 metros de altitud, en los andes peruanos, el pueblo está habitado por cerca de 800 familias que viven del pastoreo y de la artesanía textil. Las cumbres nevadas y los campos de pastoreo que enmarcan la zona ayudan a esconder (y a preservar) la aldea, que está fuera de la ruta turística que lleva a Machu Picchu. “El trabajo que María lidera es de gran importancia,  pues además de proporcionar el sustento, ayuda a registrar su cultura”, explica Flávia. “Eso es lo que ellas son: la historia de este pueblo”. Es posible comprar ropa de Choquecancha en el Mercado Central de San Pedro, en Cusco, uno de los más tradicionales de la ciudad.

 

LATAM tiene vuelos directos para Cusco a partir de Lima, Arequipa y otros 2 destinos.

 

Agradecimiento: Mountain Lodges of Peru

 

images

Sobre Flávia Aranha

Adherida a los conceptos de slow fashion y sustentabilidad, Flávia Aranha decidió lanzar su propia marca después de trabajar en la gran industria de la moda. En su taller, en Vila Madalena (São Paulo), desarrolla colecciones con procesos como el bordado a mano y el teñido con colorantes naturales. “Talvez, en algún momento no tengamos más que pensar en la sustentabilidad como una excepción,  sino por el valor de la moda y de la poesía que significa producir las cosas artesanalmente”.