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La fantástica tierra del chocolate:

un paseo por las haciendas de cacao en Ilhéus, Bahía

Júlia Gouveia

Paulo Pampolin, Getty Images

Bastan con unos días entre las haciendas de cacao y los caserones coloniales para entender por qué Ilhéus, en el sur de Bahía, ha inspirado desde la literatura hasta la gastronomía

 

Algunas de las historias más conocidas de la literatura brasileña las escribió el bahiano Jorge Amado (1912-2001), pero ni siquiera su creatividad podía pensar en un futuro tan novelesco y lleno de vueltas para Ilhéus, en el Noreste de Brasil.  La ciudad portuaria, donde el autor vivió durante su infancia y adolescencia, fue la tierra del cacao a principios del siglo pasado, y sus legendarios coroneles produjeron fortunas incalculables gracias a lo que llamaban “el fruto de oro”.  Sin embargo, una plaga puso fin a esa abundancia y llevó la ciudad a la bancarrota. Décadas más tarde, Ilhéus se reinventó, y vuelve a producir chocolates premiados y a transportar a sus visitantes a un viaje al pasado con sus encantadoras haciendas de cacao y su arquitectura histórica bien conservada, con gusto a chocolate.

 

Por los escenarios de Jorge Amado

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Al caminar por las calles del casco histórico de Ilhéus, es imposible no ser transportado a las páginas de algunas de las novelas del escritor. La mejor manera de observar los coloridos caserones coloniales es a pie. Parte de los escenarios que aparecen en sus libros (en especial Gabriela, clavo y canela, de 1958) existieron y aún están allí. El bar Vesúvio sigue sirviendo la comida del “árabe Nacib”, pareja de la protagonista, al igual que el burdel Bataclan (hoy un restaurante). La casona de la familia Amado, con piso de jacarandá, azulejos ingleses y escalinatas de mármol, también se encuentra en esa área, y se transformó en un museo. Era desde la ventana del tercer piso que el joven Amado espiaba a los personajes de esa época efervescente y adinerada del cacao, que le daban inspiración a sus historias.

 

Bataclan — Avenida Dois de Julho, 77  

Bar Vesúvio — Rua Dom Eduardo, 190  

Casa de Cultura Jorge Amado — Rua Jorge Amado, 20

 

Fruto de oro

Mucho de esa Ilhéus próspera y contradictoria de las memorias del escritor existió solamente gracias al cacao. Traído desde Pará al sur de Bahía hace más de 270 años, el fruto encontró en la tierra húmeda de la Mata Atlántica las condiciones ideales para florecer. A lo largo del siglo pasado, sus semillas fueron exportadas, generándoles fortunas a los coroneles. Sin embargo, el imperio del cacao duró hasta 1989, cuando una plaga atacó las plantaciones. En una trama repleta de teorías conspiratorias, el hongo escoba de bruja, como se lo llama en la región, fue introducido a propósito. Dicen que el que lo hizo quería sacarle poder a los hacendados, pero, en una actitud desastrosa, llevó a la bancarrota a una de las culturas más ricas del país.

 

Hoy, con miras a recuperar el prestigio, el cacao todavía es muy plantado en esa región y algunas haciendas abren sus puertas al que desee conocer su rutina. 

 

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En la ruta Jorge Amado, la Hacienda Yrerê permite que los visitantes caminen entre los árboles de cacao y prueben la fruta allí mismo (no se debe morder, sino chupar sus semillas para sentir el gusto dulce de la pulpa – que, así, no trae recuerdos del sabor a chocolate). Después, el paseo sigue por estructuras de madera con techos móviles utilizadas para secar las semillas. En esos lugares, los empleados  las pisotean o las revuelven con unas herramientas de metal: es una de las escenas más emblemáticas cuando se piensa en la era bahiana del cacao.

 

La Hacienda Provisão ofrece otra vuelta al pasado. En la entrada, una capilla del siglo 19 les da la bienvenida a los visitantes, que luego suben una escalinata hasta la sede colonial. Allí, el dueño, Roberto Novaes, cuarta generación de una familia de productores, cuenta las historias de su abuelo coronel que pasaba seis meses del año paseando por París en su limusina.  Aparte de caminatas por la plantación, se puede almorzar para probar las recetas de la familia y también hospedarse.

 

Sin embargo, para tener una idea completa de lo que fue la decadencia del ciclo del cacao, hay que visitar Rio Braço. Ese poblado, uno de los más prósperos de la  región a principios del siglo pasado, hoy parece una ciudad fantasma. A lo largo de la calle principal, de tierra, se alinean las ruinas de caserones antiguos, invadidos por la vegetación. Hace poco, la antigua estación de tren fue transformada en un restaurante de sabrosa comida del Noreste y centro de recreación, con shows de forró (un ritmo típico de esta región).

 

Dulce renacer

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En la década pasada, las nuevas generaciones volvieron a hacer una apuesta que ya fue fructífera: el cacao. Diego Badaró, de AMMA Chocolates, fue uno de los primeros en darse cuenta de que los plantíos podrían renacer. Él vislumbró la posibilidad de producir fruta de modo sostenible y orgánico en la tierra de su familia, que inspiró la obra Tierras del Sin Fin, de Jorge Amado. Hoy, sus barras coleccionan premios y se venden en tiendas como la inglesa Selfridges y la japonesa Isetan. 

 

“El chocolate puede salvar al mundo, porque aparte de ser un alimento completo, ayuda a preservar la vegetación”, reflexiona. Ahora, hay más de 30 marcas que producen chocolate con sello de origen en el sur de Bahía, entre ellas Mendoá y Chor.

 

Mucho del crecimiento de ese mercado también tiene que ver con el descubrimiento de los beneficios del cacao para la salud. En Meu Querido Spa, en la Praia dos Milionários, es posible disfrutar de algunas sustancias con poder antioxidante de ese fruto. Allí hay tratamientos que van desde un spa de manos hasta masajes con manteca de cacao. Después de visitar Ilhéus lo único seguro es que ya no mirarás una barra de chocolate de la misma manera.

 

Laguna encantada

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A cerca de 30 km de Ilhéus (13 de los cuales son caminos de tierra)está la Laguna Encantada, una de las más grandes de Bahía. Allí se hacen paseos en barco hasta dos cascadas cercanas. Una de ellas, Caldeiras, tiene ese nombre por los agujeros que hay en las rocas que forman pequeñas piscinas naturales, parecidas a las tradicionales tinas de baño japonesas. A la vuelta, disfruta una porción de pescado frito (róbalo) en el pequeño restaurante local y aprovecha otro espectáculo: la puesta del sol.

 

Dónde alojarse

Pousada Morro dos Navegantes

Sobre una montaña en la Praia de Cururupe, esta encantadora posada tiene uno de los mejores restaurantes de la región, dirigido por la chef Dani Fasanha. 

 

Cana Brava Resort

Este inmenso complejo a orillas del mar es ideal para familias por su sistema todo incluido y por tener una amplia estructura para recreación.

 

LATAM tiene vuelos directos a Ilhéus desde: São Paulo y Brasilia.

 

Agradecimientos: Chocolat Bahia – Festival Internacional do Chocolate e Cacau – Encantos Turismo.