Un itinerario para conocer el Pantanal

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Visitar Pantanal, en el sur de Mato Grosso, en Brasil, es estar cara a cara con guacamayos azules, caimanes, osos hormigueros, carpincho e incluso jaguares

 

En Pantanal, el despertador es natural. Los rayos de sol que inauguran el día entran por la ventana del cuarto sin pedir permiso. Al mismo tiempo, guacamayos,  bandurrias, loros y una infinidad de aves muestran la potencia de su canto, interrumpidos una que otra vez por los mugidos del ganado. Hay tanta vida allá afuera, que uno ni se da cuenta de cuando se despierta. Prepararse es fácil: basta con un sombrero, protector solar y un par de botines. El motivo es bueno: la llanura inundable más grande del mundo está llamando.

 

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Ya sea por tierra o por agua, la gracia es acercarse a la fauna y la flora de este Patrimonio Natural de la Humanidad. La mejor época para visitarlo con éxito es la estación seca —de mayo a noviembre—, cuando las lluvias cesan y se hace más fácil explorar los senderos.

 

Haciendas en Mato Grosso do Sul, el estado que abarca la mayor parte del territorio ocupado por ese bioma, llevan la delantera en cuanto al turismo sustentable. Propiedades en los alrededores de Miranda, a 200 km de la capital del estado, Campo Grande, han invertido en hospedaje y paseos que dejan al visitante a pocos metros de caimanes, osos hormigueros, ciervos, aves y, si tienes suerte, al gran señor del Pantanal: el jaguar.

 

Por el agua

Pescador por tradición, el pantaneiro pasa parte de su tiempo en el río. Bañada por el Corixo São Domingos, la hacienda San Francisco ofrece un paseo en chalana, barco típico, con pesca en aguas repletas de pirañas. La abundancia de esa presa fácil atrae a otros “galanes”, desde caimanes hasta gavilanes, cuyo vuelo les garantiza el pescado del día. 

 

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Afluente del Río Miranda, el Río Aquidauana, es la principal atracción de la Pousada Aguapé, que recibe a pescadores en busca de sus pacús y pintados. Para ver a los peces, vale la pena hacer el paseo matinal a bordo de un barco a motor o en kayak.  

 

Alrededor de las 19 horas, familias de carpinchos se bañan y revuelven las aguas del río. Entre los árboles, se observa el vaivén de garzas, loritos, tucanes y otras aves. De las 550 especies de Pantanal, Aguapé acoge a 330. Es tanta la variedad de colores y cantos que se ha transformado en un destino de avistadores de pájaros de todo el mundo.

 

Por tierra

Las estancias organizan safaris fotográficos apenas empieza el día por una razón: es con el frescor de la mañana cuando los animales salen de sus madrigueras para buscar alimento. En la Pousada Aguapé se recorren 30 km, para admirar especies como el ciervo y el oso hormiguero. También se puede hacer parte del trayecto a caballo, y así enfrentarse cara a cara con una manada de bueyes o con guacamayos azules. 

 

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El ABC de las palmeras del Pantanal —acuri, bocaiuva y carandá— está desparramado por la reserva natural del Refugio Ecológico Caimán, a 36 km de Miranda. El lugar es tan grande que solo con un safari se llega a los lugares favoritos de los animales. El paseo dura hasta cinco horas y se puede hacer por la tarde, lo que incluye la puesta del sol del Pantanal, cuando tonos de naranja y rosado se toman el cielo.

 

Noche adentro

Cuando el día se va, todos redoblan la atención, porque crecen las posibilidades de ver animales nocturnos, como el ciervo campeiro, el lobo, la anaconda y el jaguar. El proyecto Onçafari, que promueve la preservación de estos últimos con la ayuda del turismo, ya ha catalogado a más de 111 animales en la estancia Caimán. “Nuestro objetivo es darle valor al jaguar. Mostrarles a los criadores de ganado que ese animal vale más vivo que muerto, porque atrae a los turistas y, con ellos, hay renta”, explica Lilian Rampim, bióloga que coordina la ONG. 

 

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Aún así, ver a un individuo de esa especie nunca está garantizado. Pero la suerte y la persistencia son buenos aliados. Es aconsejable que los visitantes hagan las - focagens en las haciendas todas las noches. Son paseos cuya duración varía, pero que tienen un mismo objetivo: encontrar animales que no suelen aparecer durante el día. En la estancia San Francisco, los canales instalados para irrigar las plantaciones de arroz los atraen. Cuando el auto empieza a andar, en medio de la oscuridad y en silencio, el sonido de aves y sapos toma fuerza, tal como el brillo de las luciérnagas.

 

En nuestra búsqueda, las linternas dirigen las miradas. En una noche de éxito, vemos distintas especies de lechuzas. El ciervo del Pantanal aparece, medio camuflado en la vegetación, y el jaguar también. Durante la vuelta, el encuentro con el jaguar nos deja un gusto de grand finale. Esbelto, fuerte, lindo; casi ni le presta atención a nuestro vehículo. Sigue su camino con la seguridad del que sabe de su importancia en el Pantanal. Es el gran señor. ¡Y qué señor!

 

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