El Buenos Aires hipster

del escritor Alan Pauls

image

Librerías, bares y secretos del panorama cultural: el lado B de la capital según uno de los más celebres escritores de Argentina. El video arriba fue basado en sus impresiones

Para lucir el título de bohemio en Buenos Aires, hasta hace treinta años no había más que obedecer a las coordenadas de un mapa preciso: la Calle Corrientes,con su insomnio de teatros, cines y librerías; el Café Tortoni de Avenida de Mayo, con su melancólica hispanidad; y el barrio del Abasto, donde el tango gozaba aún de los privilegios que perdería a manos de las mil Little Latinoaméricas que fueron copando la zona.

Hoy hasta la palabra “bohemia” es una rareza de tienda de segunda mano. Legendarias, sus connotaciones ilícitas sufrieron una cuidadosa desintoxicación. Conspiración, alcohol y marginalidad –de Baudelaire en adelante, como sellos de fábrica de la bohemia– fueron desalojadas por el trío “autonomía, hedonismo e independencia”. El bohemio de ayer – atormentado y genial – es el hipster de hoy: relajado, sensible, tolerante.

 

Punto de encuentro de escritoresVi a algunos de los seudo libertarios entrar al Varela-Varelita, en mi opinión el único auténtico bar de escritores que queda en Buenos Aires. Y los vi salir enseguida, acongojados. ¿El motivo? La barba imbatible del autor de La Arquitectura del Fantasma, Héctor Libertella, vanguardista genial que vivió, escribió y “recibió” en el bar hasta que murió (y hoy tutela sus mesas, ocupadas por una legión de discípulos clandestinos). Avenida Raúl Scalabrini Ortiz, 2102

 

images

Barbas dostoievskianas

En Buenos Aires, para matricularse como tal, sólo hacen falta un par de tijeras y una botella de Jack Daniel’s. Entiéndase bien: aunque este lugar tenga una de las barras más inspiradas de la ciudad, el Salón Berlín (imagen de arriba) no embriaga con bourbon a sus clientes. Más bien las botellas de Jack Daniel’s se utilizan como rociadores, para humedecer cabezas, mentones y para materializar un gran repertorio de barbas dostoievskianas y severos cortes, en un clima de backstage rockero y saloon de western, que marcan el estilo ondero en Brooklyn, Bruselas o Bremen. Humboldt, 1411

 

Chacarita orgánica

Apuesto que la mayoría hace sus compras y almuerza en el Galpón Lacroze, el polo orgánico que florece en Chacarita, a metros del cementerio más emblemático de la popular ciudad. Es un gran tinglado con techo curvo de chapa, de esos que cuando llueve producen un estrépito apocalíptico. El Lacroze dispone de las carnes, verduras, frutas  y quesos más inmaculados de la ciudad, lo que explica el alto porcentaje de foráneos de 35 años, que ávidos de semillas de chía, panes con multicereales o calabazas orgánicas, hacen fila, frente a los pequeños puestos. Avenida Federico Lacroze, 4171

 

images

Café y mantas  

Todo en el Birkin (imagen de arriba) está en sintonía: la luz, increíble y como importada de Williamsburg; la elegancia del diseño, con su dosis mínima de vintage; las mantas para estar afuera cuando refresca; y los lattes, especialidad del lugar, que llevan el café a una dimensión nueva, casi artística. República Arabe Siria, 3061 

 

Luces y sombras en Honduras

¡Librosref! La librería de Fernando Gioia es el mejor secreto a voces del parque lector porteño. A la altura del local, abovedada de árboles tipas, la calle Honduras puede que ostente las luces y sombras más bellas de la ciudad. ¿Qué hay en Librosref? De todo: ensayos, poesía, literaturas extranjeras, esoterismo inteligente. Pero es ese “todo único” que alguien elige compartir y que nunca goza tanto como cuando lee. Con un ardid muy original: hay libros nuevos y libros usados, pero están mezclados. Honduras, 4191

 

images

Cultura independiente

La nueva sede del Club Cultural Matienzo (imagen de arriba) es una de las avanzadas de la escena cultural porteña. Me gusta que usen “Club” y no “Centro”: la palabra describe bien la sociabilidad particular del lugar, mucho más difusa, fluida y armónica que la que suele imperar en los “centros culturales”. El Matienzo es básicamente un espacio para ver bandas de música indie y recitales de poesía; para ver teatro y  muestras de arte; para comer platos caseros (una chance a los knishes), beber y mirar las estrellas (el bar se extiende por la fantástica terraza del recinto). Pringles, 1249

 

Ping-pong 24 horasPuesto de moda por los fanáticos del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, el San Ber (abreviatura de San Bernardo) es un bar-pizzería de Villa Crespo que se hizo famoso por tres cosas: abrir los 365 días del año (sin excepción) y las 24 horas del día; incorporar el ping-pong a la dieta noctámbula de los porteños; y tolerar con una sonrisa al público, sus comportamientos y exabruptos de trasnoche, que no soportarían ni el after hour más permisivo. Avenida Corrientes, 5436

images

Territorio vanguardista

Para reponer energías siempre está allí, muy cerca, en la Costanera Sur (imagen de arriba), la inmensidad de la reserva ecológica. Es un confín de la naturaleza, donde la ciudad entra en un limbo alucinante, sin ruido, apacible y oxigenado. Territorio de hipsters trasnochadores o saludables, que la recorren en sus bicicletas y con los oídos blindados de música, la reserva es más bien un espacio mental que físico, un punto de vista y la perspectiva exterior que nos permite ver de otro modo lo que vemos siempre igual: el Buenos Aires real. Avenida Tristán Achaval Rodríguez, 1550

 

images

Alan Pauls

Escritor, periodista, guionista y crítico de cine. El porteño Alan Pauls, 57, fue fundador de la revista Lecturas Críticas, jefe de redacción de la revista Página/30 y subeditor del suplemento dominical Radar. Además, fue presentador del ciclo de Cine Independiente Primer Plano de la señal de cable I-Sat. Ensayista, narrador y columnista, entre sus novelas destacan Wasabi (1994), Historia del llanto (2007), Historia del pelo (2010) e Historia del dinero (2013).

 

Fotos: Thom Sánchez