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Triángulo Cafetero:

el café colombiano en detalles

Victor Gouvêa

Fotos: Victor Affaro / Ilustraciones: Meire de Oliveira

Vamos/LATAM llevó a Marina Klink, una brasileña apasionada por el café, hasta Pereira, en Colombia, para conocer algunas de las mejores haciendas cafeteras del mundo. El encuentro forma parte de una serie de acciones que promueven el intercambio de experiencias en Latinoamérica

 

Ya eran las doce y pico de la noche cuando llegamos a Pereira –la mayor ciudad del eje cafetero colombiano, situada en el Centro-Oeste del país–, donde crecen algunos de los mejores granos del planeta. Marina Klink, brasileña fanática del café y dueña de la cuenta de Instagram @1_cafe_e_a_conta (1 café y la cuenta), viaja por primera vez a la región para intercambiar conocimiento con productores locales. Ella es la cafeína hecha persona, no da señales de cansancio. “No puedo creer que estoy aquí”, dice bajito. La mañana siguiente nos revelaría el territorio, el Paisaje Cultural Cafetero, Patrimonio Cultural de la Humanidad por Unesco, con sus picos y valles formados por la Cordillera de los Andes.

 

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Comunicativa, Marina relata en su blog experiencias de viajes. “El café es más que una bebida, tiene toda una cultura a su alrededor. La vajilla, la mesa, cómo se presenta el clima”, dice. Su entusiasmo empezó hace cuatro años, cuando tomar café se transformó en un ritual de arribo a los más de 40 países que ha visitado junto con su marido, el navegador Amyr Klink, y la familia. En camino a la Hacienda Venecia, a una hora de Pereira, indica las plantas de café al costado del camino. Y añade que las plantaciones que ella conoce mejor, las brasileñas, son algo distintas y que crecen dentro de haciendas.

 

Gigante Histórico

En la centenaria casona de Venecia, de arquitectura regional antioqueña y construida con bambú y tapia (arcilla y arena prensada), el anfitrión, Juan Pablo Echeverri, la espera con una taza en la mano. Con su sombrero panamá, jeans y barba, mezcla un tono académico en su pausada forma de hablar con un visual de bon vivant. Juan es de la cuarta generación de una familia que trabaja con ese producto. Nos muestra una foto polvorienta de su bisabuelo, Gabriel Jaramillo, en el primer congreso cafetero, hace 90 años. Ese encuentro se transformaría en la importante Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, que representa a más de 500 mil familias productoras. “¿Quinientas mil?”, pregunta Marina. Juan le dice que su hacienda, de 200 hectáreas, es una excepción: en general las haciendas tienen en promedio el 1% de esta superficie. 

 

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Brasil es el mayor productor de café del mundo (cinco veces más que Colombia), pero el valor de mercado del producto  colombiano es, en promedio, 25% más alto. Y las diferencias no paran ahí. Mientras en Brasil la cosecha generalmente es mecanizada, en Colombia es manual, debido a su montañosa geografía. En Brasil, el fruto se seca naturalmente al sol y en la planta. En Colombia, en cambio, lo lavan para obtener la semilla. Altitud, suelo, clima: esas características del terroir de cada país hacen que los productos sean muy distintos. 

 

Son las 10 de la mañana, y Juan Pablo y Marina ya se tomaron cinco tazas, como si fueran amigos que no se veían hacía tiempo. Él decide mostrarle la colección con 30 variedades de la planta. A bordo del jeep Willys, Marina mira las flores delicadas que huelen a jazmín y que en Brasil solo duran dos días y desaparecen. En Colombia, a causa de la altitud, de dos temporadas de lluvia y otras dos de tiempo seco, se pueden ver flores y el café verde y rojo al mismo tiempo. Marina toma un fruto y se lo lleva a la boca, constatando el sabor dulce. Juan agarra un bocado de café verde (seco y sin cáscara) para que lo tuesten juntos.

 

El aroma de los granos tostándose inunda el ambiente hasta que empiezan a saltar como palomitas de maíz, señal de que están listos para una graduación clara. “¡ Esto es café!”, dice Marina. Con el polvo colado en un filtro de papel, comienzan a degustar diferentes tiempos de torrefacción, de espesura y molienda –y a celebrar la bebida. “Me gustaría que entendieran a mi pueblo y a mi cultura en una taza”, afirma Juan Pablo. Entre los tantos poderes que posee el café, tal vez el más bello sea unir a las personas.

 

El don del café

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Con una producción 12 veces menor que la de la Hacienda Venecia, Don Manolo, propietario de la finca del mismo nombre, guía personalmente a los visitantes durante el recorrido de la mañana. Simpático y con una carpeta en mano, cuenta datos históricos y técnicos, que lo remiten a sus tiempos de profesor que dejó cuando decidió tener su pedazo de tierra. Después de presentar el ciclo completo, llama a su hijo, Manuelito, para que muestre sus 17 métodos de preparación, que incluyen  aeropress, globito e italiana, entre otros. Más que teorizar sobre ellos, el barista pide que el grupo elija cuatro formas para saborear sus diferencias allí mismo y de modo práctico. “El café es una bebida mágica”, dice Marina en portugués, a lo que Don Manolo, sentado en su silla y observando, responde asintiendo con la cabeza y sonriendo.

 

Artesano del grano

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Estamos acercándonos al fin del viaje. Seguido de cerca por el gato Cappuccino, Luis Fernando Vélez se mete en el monte para mostrar su cultivo de café experimental, orgánico y sostenible. “Quiero preservar lo que se ha perdido. Este es mi paraíso”, dice, contando un poco sobre las fertilizaciones naturales que aplica y las ventajas de tener otras plantas que ayudan a la salud del café. Al año, produce menos de diez bolsas de 70 kilos, y apenas tres personas (entre ellas, él mismo) cuidan de todo. Para llegar a su finca Brisas del Cauca, a la que se accede por una carretera de tierra con pocos carteles, hace falta un coche o comprar un tour con anticipación. Pero los visitantes son recibidos con té de hierbas de la hacienda en tazas de ágata y con patacones hechos con banano prensado y una salsa de tomates y cilantro. A Marina le impresionan sus métodos poco ortodoxos y queda encantada por la pasión de este hombre y sus utopías cafeteras.

 

Visita a las haciendas

Hacienda Venecia

Hay tours todos los días (en inglés) que pueden incluir el almuerzo. Las vans que hacen los trayectos salen de Manizales. Hay que reservar con antelación.  

 

Don Manolo

De sábado a miércoles y los jueves hay tours dos veces por día. Hay que reservar por teléfono. Para llegar, toma un taxi en Pereira.    

+57 313 655 0196

 

Brisas del Cauca

Más aislada, es fundamental hacer reserva. El paseo empieza por la mañana y puede incluir actividades rurales con café y cacao.   

 

Cómo llegar

Pereira forma parte del triángulo cafetero. A partir de la ciudad, se puede llegar por tierra a las otras puntas del circuito: Manizales y Armenia, que tienen bellísimos paisajes y poblados, como Salento.

 

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Marina Klink

Brasileña aficionada al café y dueña del sitio web 1 Café e a Conta (en instagram, @1_cafe_e_a_conta)

 

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Juan Pablo Echeverri

Administrador de la Hacienda Venecia, pertenece a la cuarta generación de cafeteros de su familia

 

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Don Manolo

Propietario de la pequeña finca Don Manolo, en los alrededores de Pereira

 

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Luis Fernando Velez

Ex administrador de empresas, lo dejó todo para cultivar café orgánico y sostenible

 

Agradecimiento: PROCOLOMBIA