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Joinville, en el sur de Brasil, es la ciudad del ballet

Eduardo do Valle

Leonardo Felippi

El Festival de Danza, la Escuela Bolshoi y los bailarines que le cambiaron el ritmo a Joinville, ciudad en el sur de Brasil

 

Sube el telón, las luces se encienden y los espectadores ovacionan el estreno de Romeo y Julieta, en Kazan, Rusia. Los protagonistas son los brasileños Thais Diógenes y Wagner Carvalho. Antes de encantar a los espectadores de todo el mundo, ambos pasaron por los escenarios de Joinville, en el sur de Brasil. Sede de la única filial del Teatro Bolshoi fuera de Rusia, la ciudad se prepara para una nueva edición del Festival de Danza de Joinville, el más grande del mundo en su género.

 

El título de Capital Brasileña de la Danza, concedido en 2016, le trajo un nuevo animo a esta ciudad veterana de los palcos, que año tras año se llena de bailarines – ¡en 2016 fueron 7.800!

 

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Del pórtico germánico, icónico lugar de Joinville, a la Rua das Palmeiras, los visitantes ocupan la red hotelera y también las casas para ver los espectáculos, las competiciones y los talleres que toman las plazas, shoppings y hasta los supermercados.

 

El corazón del evento está a orillas del Rio Morro Alto, en el Centreventos Cau Hansen. Sede del Teatro Juarez Machado y de la Escuela del Teatro Bolshoi en Brasil, es una parada obligatoria para todo gran nombre brasileño de la danza, y para artistas internacionales como el americano David Parsons y el ruso Mikhail Baryshnikov.

 

Una de esas estrellas llegó a la ciudad en 1996. Fue el bailarín Alexander Bogatyrev, de Estonia, que había asumido la dirección del Bolshoi ruso hacia un año, cuando el grupo fue invitado al Festival de Danza. En sus planes estaba ampliar la compañía por los cinco continentes. Después de la visita, Joinville se transformaría en la primera (y única) filial fuera de Moscú.

 

Sobre pliés y allongés

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Por los pasillos de la escuela, el piano clásico apenas es interrumpido por firmes instrucciones: “ ¡Endereza la cabeza! ¡Atención al ángulo de tu pierna!”. En las salas, alumnos perfectamente alineados corrigen su postura, desde las puntas de las manos hasta los dedos de los pies.

 

Tanta disciplina es una de las marcas de la Escuela Bolshoi. El sueño de vivir del escenario atrae a centenas de niños y adolescentes en busca de una oportunidad (la demanda supera los 40 candidatos por vacante). Para obtener reconocimiento centenario, como el que tiene el Bolshoi, el esfuerzo empieza temprano.

 

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Además de enseñar la perfección, la escuela se ha transformado en un destino para los entusiastas del ballet y recibe un promedio de 6 mil visitantes al año. Durante el paseo por sus instalaciones, famosas escenas de Don Quijote y Carmen se recuerdan en fotos, historias de bastidores y con las más de mil piezas de vestuario.

 

Tradicionalmente, la Noche de Gala del festival recibe algunos bailarines que hicieron historia. Nombres como Paula Alves, Cícero Gomes y Mayara Magri, que han sobresalido en la danza en Brasil y en el mundo –y que han cruzado caminos exitosos desde sus primeros saltos y piruetas por los escenarios de Joinville– estarán presentes en el evento.