Lisboa tradicional, contemporánea y bohemia:

tres guías para conocer la ciudad

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Al eterno encanto de Lisboa se le suman novedades que la están transformando en una de las ciudades más interesantes del mundo. Y ahora está más cerca, con un nuevo vuelo directo desde São Paulo

 

Un encuentro curioso ocurre en Lisboa. Platos modernos brotan con éxito en las cocinas de restaurantes en el tradicional templo del bacalao. Un museo de formas futuristas (el Maat) llama la atención en Belém, barrio de clásicos como el Mosteiro dos Jerónimos. Cervezas artesanales y cócteles exóticos brillan en la tierra del vino –que, por cierto, tuvo su primer bar en la lista de los 100 mejores del mundo, el speakeasy Red Frog. Una onda contemporánea se suma a un destino encantador: hogar de las siete colinas sobre las cuales pequeños edificios en tonos pastel se equilibran, de los tranvías que desafían la gravedad en sus recorridos verticales, de las aceras portuguesas y de la poética costanera que bordea la ciudad hasta desembocar en el mar, un poco más allá.

 

Red Frog: Rua do Salitre, 5A

 

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Maat: Avenida Brasília

Aún en las áreas más tradicionales, las novedades no paran de surgir. Hay una nueva línea de tranvía circulando (la 24, reactivada después de un intervalo de décadas) que recorre el Jardim do Príncipe Real y otras atracciones. De cuando en cuando, Lisboa reconquista nuevamente sectores emblemáticos terminando obras públicas. Eso pasó con la Ribeira das Naus, una peatonal inaugurada cerca del río en el 2013; con el Largo da Graça, en el 2017; y con el Campo das Cebolas, que en abril se transformó en un polo turístico donde el reconocido chef José Avillez abrió las puertas de su más reciente emprendimiento: la Cantina Zé Avillez.

 

Cantina Zé Avillez: Rua Arameiros, 15 

 

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Mosteiro dos Jerónimos: Praça do Império

Todo eso para decir que Lisboa está de moda. El año pasado fue elegida la mejor ciudad del mundo en los Design Awards de la revista inglesa Wallpaper, tuvo un restaurante (el Bistrô 100 Maneiras) en la cima de la lista de la revista Monocle y, hace unos meses, su 1908 Lisboa Hotel lideró la categoría de Mejor Hotel de Diseño de Europa en los World Travel Awards. Los reflectores no parecen querer desviar su atención de allí, y aterrizar en la ciudad se ha vuelto más fácil con el nuevo vuelo directo de LATAM desde São Paulo. En las próximas líneas, tres itinerarios diseñados por gente que vive en la capital revelan la Lisboa histórica, contemporánea y bohemia.

 

Bistrô 100 Maneiras: Largo da Trindade, 9

1908 Lisboa Hotel: Largo do Intendente Pina Manique

 

La Lisboa tradicional de Catarina Portas

Fundadora de la tienda A Vida Portuguesa e investigadora de la historia del país

 

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A Vida Portuguesa: Rua Anchieta, 11

Una avispa colosal escalando un arbusto. Una fuente repleta de langostas y cangrejos gigantes. Sapos, lagartos, caracoles... en los jardines que rodean el Museu de Lisboa, el zoológico de cerámica del artista Bordallo Pinheiro toma vida. “Es el artista portugués más importante y completo del siglo XIX”, resume Catarina.

 

Una caminata rápida nos lleva a una institución lisboeta: la Pastelaria Versailles, inaugurada en 1922, llena de espejos, relieves y vitrales de esa época. Para Catarina, probar el duchesse, un dulce relleno con crema chantilly, es como “comer una nube”. 

 

Jardim Bordallo Pinheiro: Campo Grande, 245

Museu de Lisboa: Campo Grande, 245

 

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Pastelaria Versailles: Avenida da República, 15A

El viaje sigue por el centro histórico, entre los barrios de Chiado y Baixa. En la Luvaria Ulisses los guantes se hacen a mano, uno por uno; en la tienda A Carioca, el café se muele en el momento en diferentes texturas; y está, además, la Rua da Conceição, con sus retroserias (costurerías) en fila. “El encanto de Lisboa tiene mucho que ver con este pequeño comercio que subsiste”, dice Catarina, que no en vano abrió la primera sucursal de su marca, A Vida Portuguesa, cerca de allí. La tienda es resultado de la visión de su fundadora, que rescató productos nacionales que sobrevivieron al paso del tiempo, como jabones y azulejos. Desde allí, ella recomienda seguir  hasta el restaurante Gambrinus, en el cual siempre pide las sandes de rosbife (sándwiches de carne) con una cerveza mixta.

 

Baixa está rodeada por colinas, y el consejo de Catarina es recorrer los miradores a la redonda, como los de São Pedro de Alcântara y del Jardim do Torel. “Son vistas que se complementan, desde uno se ve el otro”, dice la empresaria. Para ella, el paseo debe incluir también el barrio de Belém y el Museu Nacional de Arte Antiga, donde destacan las salas de las joyas portuguesas de los siglos XVII y XVIII.

 

Luvaria Ulisses: Rua do Carmo, 87A

A Carioca: Rua da Misericórdia, 9  

Gambrinus: Rua das Portas de Santo Antão, 23 

Miradouro de São Pedro de Alcântara: Rua de São Pedro de Alcântara

Miradouro do Jardim do Torel: Rua Júlio de Andrade

Museu Nacional de Arte Antiga: Rua das Janelas Verdes

 

La Lisboa contemporánea de Manuel Aires Mateus

Uno de los mayores y más premiados nombres de la arquitectura portuguesa de los últimos tiempos

 

¿Qué tienen en común el Mosteiro dos Jerónimos, del siglo XV, y el edificio del nuevo puerto de cruceros? Para el arquitecto Aires Mateus, ambos son íconos de la Lisboa contemporánea. “El concepto de contemporaneidad en una ciudad europea abarca una secuencia de tiempos”, teoriza. “Las ciudades se van construyendo en capas. Hay momentos que son disruptivos, y eso puede ser actual o antiguo”.

 

Terminal de cruzeiros: Rua Rio Tejo

 

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Casa dos Bicos: Rua dos Bacalhoeiros, 10

Siguiendo una línea cronológica, algunas de las atracciones lisboetas que significaron bocanadas de modernidad en su momento son: la Baixa Pombalina, un sector del centro histórico erigido por el Marqués de Pombal luego de un terremoto en el 1755; la Fundação Calouste Gulbenkian, un edificio hecho de concreto y bronce típico de los años ’60, que “tiene una relación muy especial de interacción con el jardín”, según el arquitecto; y la zona del Parque das Nações (que nació con la Expo 98). “Fue la primera vez que la ciudad se desarrolló con un plan masivo de contemporaneidad y que el espacio público fue muy bien tratado”, dice Aires Mateus.

 

Para él, las calles intervenidas y reinventadas son la marca registrada de la Lisboa de hoy. Eso se refleja en el paseo Ribeira das Naus y en el Campo das Cebolas (donde está la sede de la Fundação José Saramago), dos áreas revitalizadas que hoy están siempre llenas de gente. “El mejor transporte en Lisboa es caminar, perderse y descubrir secretos por casualidad”, recomienda el arquitecto, que revela dos de los suyos: la subida al Castelo de São Jorge por el barrio de Mouraria, explorando los restaurantes minúsculos que funcionan en residencias, y la Rua do Poço dos Negros, en la cual aconseja probar el pastel con toque japonés de Kasutera y la delicada colección de tés de la Companhia Portugueza do Chá.

 

Fundação Calouste Gulbenkian: Avenida de Berna, 45A

Pavilhão de Portugal: Alameda dos Oceanos, Parque das Nações

Castelo de São Jorge: Rua de Santa Cruz do Castelo

Kasutera: Rua do Poço dos Negros, 51

Companhia Portugueza do Chá: Rua do Poço dos Negros, 105

 

La Lisboa bohemia de João Ventura

Músico brasileño, que cursa un doctorado en la Universidade Nova de Lisboa y vive en la capital portuguesa desde hace tres años

 

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Pensão do Amor: Rua do Alecrim, 19

Cuando Madonna causó gran alboroto al escalar un piano de cola en el show sorpresa que realizó en el Met Gala en mayo de este año, todas las miradas se dirigieron al joven pianista que la acompañaba. Fueron los minutos de fama mundial de João Ventura, que nació en Sergipe, Brasil, y conoció a la diva pop mientras tocaba en su lugar preferido en Lisboa: el minúsculo Tejo Bar, escondido entre las cuestas del barrio de Alfama. “El tamaño es inversamente proporcional a las cosas grandiosas que ocurren allí”, dice.

 

Desde que llegó a Lisboa para su doctorado, el 2015, João se sumergió en la noche de la capital. Para ver buenos shows, recomienda tres lugares: el Espaço Espelho d’Água, en Belém, que recibe a artistas consagrados y a nuevos nombres de la escena internacional; la Barraca Teatro Cinearte, montada en un antiguo cine en la región de Santos; y la Fábrica Braço de Prata, que reúne salas de conciertos, una librería y un salón de exposiciones en un caserón del barrio moderno de Marvila.

 

Tejo Bar: Beco do Vigário, 1A

Espaço Espelho d’Água: Avenida Brasilia

A Barraca Teatro Cinearte: Largo de Santos, 2

Fábrica Braço de Prata: Rua Fábrica de Material de Guerra, 1

 

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Si de bailar se trata, João solo tiene ojos para un lugar: el B.leza, donde reinan los ritmos africanos. “Me encanta la cultura africana. Es un lugar con mucho swing”. Otro consejo es la Pensão do Amor, entre Cais do Sodré y Chiado: allí cada sala tiene una decoración distinta, siempre extravagante: hay mesas de tarot, salas con pole dance y otras con sillones imperials de terciopelo. “Un lugar bastante loco e increíble”, dice João, que recomienda también dos restaurantes portugueses en su recorrido capitalino: Zé da Mouraria y la pequeña tasca Jaguar, donde come siempre alheira de Mirandela (un embutido típico de la cocina portuguesa) con arroz de frijoles, un acompañamiento que no está en el menú y se debe pedir especialmente.

 

B.leza: Cais da Ribeira Nova, Armazém B

Zé da Mouraria: Rua João do Outeiro, 24

Jaguar: Avenida Conde Valbom, 87

 

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Agradecimientos: Turismo de Lisboa.