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10 días en la Patagonia chilena:

un paseo con el navegador brasileño Amyr Klink

Camila Lafratta

Victor Affaro

Fuimos en busca del futuro del turismo en el parque nacional Torres del Paine, en la Patagonia chilena, junto al navegante brasileño Amyr Klink

 

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Pocas personas han recorrido el mundo como Amyr Klink. Los logros del navegador brasileño lo han elevado a la categoría de celebridad en su país e inspira incluso a los más sedentarios a ponerse en ruta. Su primer gran viaje marítimo, relatado en el best-seller 100 Días entre el Cielo y el Mar, fue en 1984,  una travesía solitaria por el océano Atlántico en un bote de remo. Organizado, casi obsesivo en sus cálculos, Klink terminó la jornada con apenas un litro y medio de agua. “Alguna cuenta me salió mal. Tendría que haber llegado con cero”.

Amyr es un hombre alto y callado. El capitán perfecto de sus muchas travesías –que incluyen más de 40 idas a la Antártida y la vuelta al mundo por la ruta más difícil, navegando cerca del polo. Klink llegó a las Torres del Paine para conocer el Ecocamp Patagonia, un hotel casi 100% sustentable en medio del parque nacional. La experiencia forma parte de una serie de documentales (el primero previsto para octubre) sobre proyectos innovadores que ayudan a viajar de modo más consciente.

 

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El Ecocamp está formado por domos geodésicos, estructuras que Amyr viene construyendo hace años. “Por medio de encajes de triángulos, pentágonos y hexágonos, el resultado es un esqueleto que distribuye el peso. Puedes colgar un auto de 20 toneladas en un punto, que serán fraccionadas igualmente por todos los puntos del domo. Es la máxima sustentabilidad geométrica”, explica fascinado.

El que ve los domos cubiertos de plástico y lona verde (para causar el menor impacto visual posible en contraste con el paisaje) en general se pregunta si sobrevivirá a las noches de fuertes vientos y lluvia. Pero al entrar, la combinación de piso de madera, leña quemada lentamente y telas en tonos tierra da la impresión de estar en un acogedor chalet escandinavo.

Glamping (término que está de moda en la jerga turística, unión de las palabras glamour y camping) no es el concepto ideal para describir al Ecocamp. No hay lujos innecesarios por aquí, sino detalles que le permiten al huésped estar cerca de la naturaleza con comodidad y sin causar impacto. El hotel no tiene internet o alcance para celular; la desconexión obligatoria ayuda a crear intimidad con el ambiente. El tiempo fuera de los paseos puede ser disfrutado con clases de yoga, desayunos preparados con esmero, cenas y un bar en el que los huéspedes y los guías relatan sus días mientras toman una copa de vino.

 

En la tierra de las cumbres borrascosas

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La Patagonia nos desafía constantemente. El viento es fuerte, las subidas inclinadas y las cuatro estaciones del año pueden dar su cara en un mismo día. Hay que tener  paciencia, ropa adecuada y algún nivel de preparación física para enfrentar las condiciones adversas que surgen por el camino. Pero en la cima de cada mirador, la recompensa llega, certera: lagos color turquesa, montañas cubiertas de nieve y el caleidoscopio de luces que pone color a todo por la mañana, nos convencen de que Torres del Paine es más pintura que realidad.

“Este es un lugar que siempre me impresionó”, dice Amyr durante una caminata. “Es una región fascinante por ser tan inhóspita y tener una naturaleza tan contundente. Tal vez por eso el turismo aquí haya tardado en desarrollarse y hoy es menos invasivo que en otros lugares. La gente que viene está dispuesta a enfrentar desafíos sin dejar sus huellas”.

 

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Viajeros aventureros eligen entre los dos circuitos clásicos: la “O” y la “W”, llamados así por los dibujos que trazan sus itinerarios. Durante ambos hay que acampar por el camino. Los day trips, por otro lado, permiten ver algunos de los puntos más bellos del parque y volver a una cama calentita al final del día.

Uno de los paseos más tradicionales, el sendero hasta el Valle del Francés, es un trekking que pasa por bosques frondosos, árboles plateados secos y montañas cubiertas de nieve. Otro día, se puede embarcar hacia el Glaciar Grey, un gigante de hielo blanco-azulado con icebergs que se deshacen por el camino. El trekking hasta la base de las Torres, que le dan nombre al parque, toma todo el día y es uno de los paseos más desafiantes. A pie, a caballo o en bicicleta las montañas, bosques y lagunas se revelan una por una. 

“Mi expectativa –dice Amyr– es que este tipo de turismo de bajo impacto se vaya expandiendo cada vez más. Que las personas busquen experiencias más verdaderas, vean la belleza de la funcionalidad, encuentren belleza en lo útil”. Cercados por la naturaleza, sabiendo que nada de lo que hicimos en estos días la perjudicará, el sacrificio parece insignificante.

 

Cuándo ir

Se puede visitar el o parque todo el año. La alta temporada coincide con el verano en el Hemisferio Sur. En septiembre y octubre llueve poco y las temperaturas están sobre 10 oC. En abril y mayo llueve más y, de junio a agosto, el frío es más intenso.

 

Cómo llegar

Durante la temporada alta, en verano, se puede llegar por el aeropuerto de Puerto Natales, a 100 kilómetros del parque. El resto del año, el acceso es por Punta Arenas, a unos 300 kilómetros. Hay microbuses y buses de allí a las Torres del Paine.

 

Qué llevar

Tu equipaje debe reflejar las variaciones climáticas de la región. Lleva ropa para trekking, botas impermeables y un buen abrigo corta-viento.

 

Agradecimiento: The Upper Air