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Rosario, la Argentina de los íconos nacionales

Francisco Pardo

Sebastián Utreras

La ruta de LATAM que conecta Santiago de Chile con la ciudad argentina de Rosario es la excusa ideal para visitar esa ciudad de espíritu portuario, que parece sonreír siempre

 

Rosario es una ciudad de astros. En su cielo brillan dos soles: el del espacio, en medio del cielo azul de Argentina, y el de la bandera nacional, alzada aquí por primera vez en 1812. Coincidencia o no, el lugar también es la cuna de ídolos nacionales que brillan por todo el mundo, como el crack Lionel Messi, elegido cuatro veces Balón de Oro por la FIFA, y Fito Páez, compositor que cantó: “andando por Rosario siempre se vuelve a sonreír”.

 

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El potente pasado comercial y portuario ayudó a forjar una personalidad especial en esta ciudad, en la que la pasión y el arte son la regla. “Como el río estaba rodeado por edificios relacionados con la vida del puerto, se necesitaba poner en marcha la imaginación y la creatividad”, afirma Fito Páez. Así, Rosario vio florecer talentos como el dibujante de cómics y escritor Negro Fontanarrosa, hoy ya fallecido, en bares como El Cairo, en el Centro – donde todavía hay una mesa reservada para los amigos del escritor, llena de fotos en las que se ven muchas sonrisas.

 

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Incluso la arquitectura del Centro remonta a historias estrelladas: en medio de imponentes construcciones como el hotel Savoy, la Bolsa de Comercio y la antigua aduana, está también el bellísimo teatro El Círculo, de 1904. Construido por encargo de los habitantes, la acústica de este espacio fue muy elogiada por el tenor italiano Enrico Carusso, el ‘rockstar’ de la ópera. “Él vino a cantar El Pagliacci en 1915, y nos dejó una carta diciendo que nuestro teatro no debía nada a otros grandes escenarios del mundo”, según cuenta Gladys Ferrero, que guía los tours por los bastidores del lugar.

 

Pasión de muchedumbres

Una conversación en el taxi. Alguien dice que la ciudad, y quizás todo el país, tiene un aprecio por pensar en dicotomías: Boca X River, Ford X Chevrolet, mate dulce X mate amargo. En Rosario, el mayor ejemplo es la relación entre los dos clubs de fútbol más populares: Newell’s y Rosario Central.

 

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El estadio del primero, cuyo nombre homenajea al ex-jugador, actual entrenador y eterno ídolo del club, Marcelo Bielsa, se ubica en el Parque Independencia, que también cuenta con un hipódromo, una laguna con barquitos, puentes y senderos. También alberga un museo sobre la ciudad, cuyos jardines sirven de pantalla para dos fotos clásicas del Che Guevara, nacido en el número 480 de la calle central Entre Ríos. En una de las fotos se ve el Che bastante joven, y en la otra ya sale mayor, cuando pasó por Rosario en su recorrido por el continente. Y si el estadio del Newell’s tiene un mural de Maradona – que jugó en el club en 1993, así como hizo Messi cuando era un niño – y está al lado de un parque, el del Central cuenta con una playa: el Caribe Canalla.

 

El estadio del Central se llama Gigante de Arroyito, en referencia al barrio familiar en el que se encuentra, en la zona norte de la ciudad, junto al río Paraná. “Mi familia toda es del Central, desde mi bisabuelo. Mi abuelo vivía a tres cuadras de aquí, y siempre vengo al club”, afirma Martina Estévez, encargada de las visitas turísticas, en el momento en que pisamos el campo. “El Caribe Canalla tiene una vida muy activa, la playa está siempre llena entre Noviembre y Mayo. Me encanta el río. Adoro este lugar”, declara.

 

Negroni y medialunas

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“Consideramos que nuestro principal competidor es Netflix”, dice entre risas Matías Jurisich, el mixólogo al frente del bar Chinchibira, en el animado barrio de Pichincha. “Un Fernet con cola, me lo puedo tomar en casa, delante de una pantalla de 100 pulgadas y con el aire acondicionado. Por eso buscamos ofrecer experiencias más espectaculares”, afirma Matías, que desvía el asunto hacia los sabores de la ciudad: los pescados del río (que se sirven en los restaurantes Bajada Escauriza o España), las medialunas (croissants) del Nuria, el Carlitos (especie de sándwich a la plancha, pronunciado sin la ‘s’ al final) y los helados.

 

Empieza la noche, y un paseo por los bares Ceviche, Negroni y Piel de Toro evidencia una chispeante actividad de jóvenes, que pulsa en los skaters del parque España; en las volteretas circenses de los estudiantes de la Escuela de Artes Urbanos; en las galerías de arte y en las exposiciones del Macro, el museo contemporáneo ubicado en un sitio donde antiguamente había silos de granos (justo al lado del bar Davis, que merece la pena conocer); en los niños de las divisiones infantiles de los clubs de fútbol, y en esa pasión y amabilidad tan rosarinas.

 

LATAM tiene vuelos directos a Rosario desde Lima, Santiago y São Paulo.