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Santa Marta y Parque Tayrona:

3 días en el Caribe colombiano

Eduardo do Vale

Leonardo Felippi

Con bellas playas y una naturaleza exuberante, Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia, encanta a todo tipo de visitante

 

Día 1 – Santa Marta

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10h - Arte y patriotismo

El orgullo patriótico de Santa Marta se revela en la Quinta de San Pedro Alejandrino, una antigua hacienda azucarera donde el líder militar Simón Bolívar pasó sus últimos días, en 1830. Transformado en museo en 1891, el lugar tiene dos salas de exposición, un teatro al aire libre y un jardín botánico con más de 300 especies. Pero la gran atracción es la parte histórica donde edificios amarillos guardan los muebles, objetos personales y supuestamente hasta una mecha del cabello de Bolívar.

 

13h - Ao centro

Bares y restaurantes han convertido el Parque de los Novios en el centro de la vida social de la ciudad. En una esquina escondida, el restaurante Donde Chucho sirve opciones livianas, como ensaladas, pescados y mariscos. Desde allí se puede caminar hasta la plaza de la Catedral: primera iglesia de Colombia construida en 1528, tres años después de la fundación de Santa Marta, la ciudad más antigua del país. A pocas cuadras queda el Parque Simón Bolívar, donde los habitantes duermen la siesta sobre el césped y los jóvenes con sus skates arriesgan algunas maniobras. Al lado, el Museo del Oro guarda parte del legado de las civilizaciones indígenas del lugar en una casa colonial. A través de las piezas y ornamentos de oro y cerámica se aprende sobre los taironas y los nahuanges, en un registro breve, pero bien preservado, de la región antes del dominio español.

 

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18h - Bajo el sol del Caribe  

Ver la puesta del sol sobre el océano Atlántico es uno de los privilegios de este viaje. En la Marina Internacional de Santa Marta, turistas y fotógrafos disputan el mejor ángulo. La banda sonora animada, la proporciona el bar Caribbean Team, que mucho antes del atardecer ya está repleto. Tragos elaborados y hamburguesas sabrosas invitan a seguir por allí. Pero la noche en Santa Marta recién empieza: para muchos, la marina es solamente una parada antes de volver al centro y aprovechar la música, el baile y la gastronomía en lugares como La Brisa Loca, un rooftop bar que toca cumbia hasta la madrugada.

 

Día 2 – Parque Tayrona

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9h - Camino al pasado

Con 19 mil hectáreas y 85 kilómetros de costa, el Parque Tayrona es un paseo para más de un día. Los que despiertan bien temprano tienen la posibilidad de hacer un itinerario casi completo, con playas, naturaleza y arqueología. Empezando por Calabazos, una de las tres entradas del parque, un sendero con dificultad moderada conduce hasta el Pueblito, antiguo centro comercial indígena. Todavía  viven allí algunas familias koguis, descendientes de los taironas originales. El lugar estuvo ocupado desde el año 300 hasta el 1530, poco después de la llegada española. En una parte más abierta del bosque nativo se puede ver una decena de bohíos, habitaciones originales de paja y madera que hoy se utilizan en rituales. Por solicitud de los indígenas, Tayrona cierra para mantenimiento un mes al año y en las habitaciones ancestrales se celebran ceremonias de purificación del parque.

 

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12h - Babel caribeña

Campings, hamacas y unos pocos cuartos individuales hacen de la playa de Cabo San Juan del Guía una base estratégica. Allí se encuentran los servicios turísticos del parque, como las agencias de buceo. Su aire de playa privada apenas se diluye por el tránsito de visitantes que buscan lugares en la arena o por los partidos internacionales de fútbol que ocurren en canchas improvisadas. El menú del único restaurante del lugar, con el mismo nombre de la playa, tiene muchos pescados y mariscos. Turistas de lugares tan distintos como Paraguay, Israel y Rusia conversan a coro en un idioma indefinido, una babel caribeña donde es muy fácil encontrar nuevos amigos.

 

16h - Descanso merecido

Al contrario del efervescente Cabo San Juan, las otras playas de Tayrona son más tranquilas, casi desiertas. La primera es La Piscina, un tramo protegido por una barrera de piedras y corales. Luego de 40 minutos de caminata se alcanza Arrecifes, prohibida para baños pero repleta de opciones para hospedarse. Por todo el camino, la naturaleza abundante muestra varias especies de pájaros y monos por entre las copas de árboles centenarios. El ambiente cambia según se avanza; algunos tramos tienen palmeras, otros manglares. La última parada antes de la salida es Cañaveral, donde está el Ecohab Santa Marta, un hotel lujoso inspirado en los bohíos taironas. Después de tanto movimiento, nada mejor que una sesión de masajes en el spa del hotel viendo el atardecer en la playa.

 

Día 3 – Taganga e El Rodadeiro

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9h - Escapada a taganga

Se puede ir rápidamente de Santa Marta a otras playas en las cercanías. En menos de 30 minutos por entre cerros con bosques secos se ve Taganga, una pequeña villa de pescadores con mar azul y casas de colores. Antiguo reducto hippie, hoy el lugar recibe al público joven en sus hostales. De allí salen paseos para bucear entre corales que se pueden hacer en una mañana. Pero la oferta más común es la de las lanchas que van hasta la reservada Playa Grande. Con agua cristalina por muchos pasos hasta mar adentro, bucear allí es irresistible. Decenas de puestos alquilan sillas y sombrillas desde bien temprano, y sirven jugos, pescados y tragos hasta el atardecer.

 

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13h - En la movida de Rodadero

Si la sencillez es la marca de Taganga, la playa de El Rodadero tiene una infraestructura completa. En la arena, un sinnúmero de vendedores ofrece desde refrescos hasta sesiones de masaje. La comida local tiene novedades como la fusión entre Italia y Caribe del restaurante Di Vino, y, por todos lados, el movimiento es intenso. Eso lleva a algunos visitantes a buscar refugio en la vecina Playa Blanca, más exclusiva y paradisíaca.   

 

18h - Una vista imperdible

Al atardecer, algunas playas del centro de El Rodadero cierran, incentivando la migración hacia los bares y quioscos que dan al mar. Pero es sobre una colina vecina, en el restaurante Burukuka, que el atardecer se transforma en un panorama acompañado de tragos como el Blue Hawaii (con ron, curaçao y jugo de piña) o por las clásicas Margaritas. Desde la terraza, la vista casi panorámica se ilumina con el sol que se pone, que pinta la agitada bahía y toda la región con sus colores anaranjados, tan característicos del Caribe.

LATAM tiene vuelos directos a Santa Marta desde: Bogotá y Medellín.

 

Agradecimientos: Hotel Mercure Santa Marta Emile, Panamericana de Viajes & Parques Nacionales Naturales de Colombia.