Cuatro días entre Montevideo y Colonia del Sacramento, en Uruguay

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De Montevideo a Colonia del Sacramento, a orillas del Río de la Plata, los días son tranquilos y la serenidad reina en el país

 

Cuando los locales le dicen a Uruguay ‘paisito’, no están refiriéndose solo al tamaño de la que es una de las naciones más pequeñas de Sudamérica. Es un apodo cariñoso para un lugar que es mucho más que eso: Uruguay tiene un espíritu de tranquilidad, con los mejores índices sociales del continente –altos niveles de alfabetización y longevidad, y la menor desigualdad social. La capital, Montevideo, no va en contra de esa paz, sino que la confirma: sus 1,3 millones de habitantes se empeñan en tener tiempo para sí mismos en una ciudad salpicada por plazas, cafés y espacios de convivencia.

 

Día 1 • Ciudad Vieja

9h - Pasado presente

La Ciudad Vieja vive el día a día en otra época. En el Café Brasilero, por ejemplo, los cortados se sirven en mesitas de madera del año 1877. Una cuadra más allá, en la Plaza Constitución, hay construcciones coloniales, como la Iglesia Matriz y el Cabildo, la antigua sede administrativa que hoy alberga exposiciones que mezclan documentos históricos e instalaciones artísticas contemporáneas.

 

Café Brasilero — Calle Ituzaingó, 1.447  

Iglesia Matriz — Calle Ituzaingó, 1.373 

Cabildo — Calle Juan Carlos Gómez, 1.362

 

13h - Almuerzo justo

Encajado entre los edificios de la Peatonal Sarandí, el restaurante Estrecho solo tiene el ancho suficiente para la cocina y una barra que acomoda a unas 20 personas. Allí se sirven platos de inspiración oceánica, como ensaladas de camarones seguidas por porciones de liza (un pescado común en la costa uruguaya) con calabaza caramelizada y yogurt.

 

Estrecho — Calle Sarandí, 460

 

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16h - Pausa sagrada

Los uruguayos se toman la merienda en serio. Bebidas a base de café se encuentran en La Pasionaria, una antigua pensión que ofrece un café, un restaurante, un taller y una tienda con productos de diseñadores locales. Ambos quedan cerca de la Puerta de la Ciudadela, restos de la antigua muralla que rodeaba Montevideo cuando la ciudad se resumía apenas al centro antiguo. El pórtico da hacia la Plaza Independencia, donde está el Palacio Salvo –una “jirafa de cemento”, como la describió el poeta Juvenal Ortiz Saralegui, con una terraza para admirar la vista elevada de Montevideo.

 

La Pasionaria — Calle Reconquista, 587  

Palacio Salvo — Plaza Independencia, 848

 

20h - Astro-rey

Majestuosamente coronado con un sol en la fachada, el Teatro Solís fue el primer teatro del país. Tras un incendio en 1998, renació con un  escenario mucho más grande para conciertos y obras de teatro. La velada puede empezar en el salón alfombrado con un espectáculo y terminar en el restaurante Rara Avis, que ocupa el mismo edificio.

 

Teatro Solís —Calle Buenos Aires, s/n 

Rara Avis — Calle Buenos Aires, 652

 

Día 2 • Otros barrios

9h - Pie en el pedal

La rambla que circunda el Río de la Plata, con sus más de 20 km, empieza en la Ciudad Vieja y va bordeando las playas y malecones que sirven como punto de encuentro, balneario y centro deportivo para los montevideanos. Una buena idea es alquilar bicicletas en el Parque Rodó y pedalear por la orilla rumbo a barrios como Pocitos y Punta Carretas –en este último está el encantador Café Philomène, parada estratégica para una dosis de energía.

 

Café Philomène — Calle Solano García, 2.455

 

12h30 - Historia de fiesta

De vuelta al centro antiguo, un galpón del puerto guarda los disfraces e instrumentos del Museo del Carnaval, que cuenta la historia de la fiesta uruguaya –una de las más largas del mundo, que puede perfectamente durar un mes. El edificio es vecino del Mercado del Puerto, antiguo centro comercial. A pesar de la gran oferta de parrillas, allí sobresalen las empanadas fritas servidas en la barra del Carolina.

 

Museo del Carnaval — Rambla 25 de agosto de 1825, 218

Mercado del Puerto — Rambla 25 de agosto de 1825, 228

Empanadas Carolina — Calle Piedras, 237

 

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15h - Sacacorchos

La ruta del vino está en los alrededores de la capital, empezando por la Bodega Carrau. Ubicada a unos 20 km de la Ciudad Vieja, sigue siendo conducida hasta hoy por la familia propietaria que trajo consigo la tradición vitivinícola desde Cataluña, y ha sido pionera en la plantación comercial de las uvas tannat – cepa que hoy en día es la más característica de los vinos del país.

 

Bodega Carrau — Avenida César Mayo Gutiérrez, 2.556 

 

17h - Segunda copa

Justo al lado está la Bodega Bouza, que recibe a visitantes para degustaciones en un salón con ventanales cerca de las vides, donde la decoración la componen carros antiguos coleccionados por la familia. Junto con las botellas de vino, se venden también ropa de lana y quesos.

 

Bodega Bouza — Camino de la Redención, 7.658

 

Día 3 • Colonia del Sacramento

10h - En portuñol, por favor

Apenas 180 km separan a Montevideo de Colonia del Sacramento, y el destino recompensa bien la ida y vuelta. La ciudad que pasó de las manos de los portugueses a las de los españoles sucesivas veces acabó adquiriendo una rica arquitectura, en la que azulejos lusitanos conviven con caserones de estilo hispánico en las calles del Casco Histórico. Es pequeñita, por lo que no hay ninguna prisa para subir al faro y obtener una visión panorámica.

 

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17h - A la orilla

Siguiendo por las callecitas empedradas, basta elegir uno de los bares a la orilla del río, como el Gitana, y decidir entre chivitos (sándwiches de carne) o tapas. A medida que el sol baja, el muelle se transforma en un mirador para ver cómo se despide el día entre los barcos.

 

Gitana —  Calle Misiones de los Tapes, 41

 

21h - Comida con afecto

De regreso a Montevideo, la noche puede empezar en Tona, donde la cena tiene un gustito familiar: tortillas y buñuelos de espinaca son parte del menú,  dividido entre recetas del chef Hugo Soca y de su abuela, Petrona. Ya entrada la noche, siempre será un buen momento para visitar uno de los bares más antiguos de la ciudad, el Inmigrantes, y beber tragos como el maracanazo, que lleva Aperol y maracuyá.

 

Tona — Calle Luis Franzini, 955

Inmigrantes — Calle Juan Paullier, 1.252

 

Día 4 • Más atracciones

9h - Cuesta arriba

Al otro lado de la bahía de Montevideo, una colina encimada por una  fortaleza tal vez haya bautizado a la ciudad –entre los locales, corre la leyenda de que el nombre puede haber venido del portugués : “Monte vi eu”,  (“monte he visto yo”). Entre antiguos cañones se cuenta la historia del general Artigas, héroe de la Independencia. Desde arriba, se puede apreciar el río y disfrutar de una bella vista de la Ciudad Vieja.

 

12h - Gusto local

Si Uruguay tiene un sabor específico, el lugar para encontrarlo es entre las estructuras de hierro del Mercado Agrícola. Allí se puede comprar o probar todo lo que es típico: queso Colonia (que recuerda al gruyère), frutas frescas, bocaditos… y si te sobra espacio, Chelato vende helados con sabores como yerba (hierba mate) y dulce de leche.

 

Mercado Agrícola — Calle José L. Terra, 2.220 

Chelato — Calle José L. Terra, 2.220

 

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19h - A la brasa

Santiago de Mori y su socio lideran el equipo alrededor del fuego en La Otra Parrilla. La carne uruguaya siempre se prepara a la brasa, para espantar el frío al mismo tiempo en que se asan un montón de carnes, morcillas y discos de queso provolone.

 

La Otra Parrilla — Calle Tomás Diago, 758

 

21h - Bailando

No es una exageración: hay milongas todas las noches en Montevideo, en  lugares como el Centro Cultural Florencio Sánchez. Los bailes suelen estar antecedidos de breves clases del estilo de danza, un tango de apenas dos tiempos. El ritmo se desarrolló tanto en Argentina como en Uruguay –de hecho, “La Cumparsita”, el himno tanguero por excelencia, fue compuesto en estas tierras. No te dejes engañar: los uruguayos parecen muy tranquilos, pero a la hora de bailar les sobra energía.

 

Centro Cultural Florencio Sánchez — Calle Grecia, 3.281

 

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Agradecimientos: Ministerio de Turismo de Uruguay / Arabella